Miles Davis, Gil Evans y la ópera inolvidable de George Gershwin
Eran años por demás creativos para el gran trompetista. Después de su decisivo «Birth of the Cool», en el que había trabajado por primera vez con el inteligente compositor, arreglador y director Gil Evans, Davis volvió a reunirse con él en 1957 y el resultado fue un magistral «Miles ahead» en el que Evans dirigió una gran orquesta de diecinueve instrumentistas.
En los meses siguientes Davis siguió grabando con sus quintetos y sextetos, pero el éxito de aquel disco impulsó a la empresa Columbia a estimular nuevas reuniones. En 1958 apareció «Porgy and Bess» y dos años más tarde el también estupendo «Sketches of Spain». Los tres discos tuvieron un altísimo nivel de ventas en todo el mundo.
En aquella época, la famosa ópera que George Gershwin había compuesto a mediados de los años treinta gozaba de una enorme popularidad. No fue de extrañar que Evans encontrara en las partituras de «Porgy and Bess» una fuente de inspiración para desplegar sus propias ideas orquestales.
En las cuatro sesiones en las que se completó el material grabado (julio y agosto de 1958), Evans utilizó una singular orquesta con trompetas, trombones, cornos franceses, flautas, clarinetes, clarinete bajo, tuba y un saxófono alto. No hubo piano y sí contrabajo y batería.
Los arreglos fueron de una originalidad vistosa y fascinante, con sonoridades poco habituales, armonías encantadoras, timbres excitantes, contrastes apasionados y ritmos cautivadores. Eran la base para que las improvisaciones de Miles Davis fluyeran con toda la riqueza que sabía obtener el genial trompetista.
«Lo mejor de este registro consiste en la capacidad observada por Gil Evans para desplegar todos sus recursos artísticos y a la vez crear el entorno oportuno para que Miles diera lo mejor de su vertiente lírica» (Frank Tirro en «Historia del jazz moderno»).
Hay algunas opiniones encontradas en lo que respecta al uso de la trompeta o del fliscorno en determinados temas. En verdad es algo que no le puede quitar el sueño a nadie que preste atención a la maravillosa música que contiene este CD. Miles exhibe su delicada veta lírica en «Oh Bess, oh where ‘s my Bess», «I loves you, Porgy» y «Bess, you is my woman now», e improvisa con swing en los movidos «It ain’t necessarily so», «My man’s gone now» y «Prayer (oh doctor Jesus)», que contiene uno de los soberbios crescendos en los que Evans le pone emoción al tutti orquestal.
Si hubiera que elegir la interpretación cumbre de este disco, «Summertime» estaría en primer lugar. El sentimiento de blues que posee esta composición inmortal se ve realzado por el virtuosismo con que Miles ubica cada nota en su lugar adecuado, sostenido por un esplendoroso arreglo de Evans que utiliza flautas y cornos franceses con mano maestra.
Hay excelentes jazzistas integrando la orquesta (Ernie Royal, Cannonball Adderley, Jimmy Cleveland, Jerome Richardson) pero la estrella es Miles, brillando con su autoridad, su sensibilidad, su comprensiva aproximación al espíritu de la obra de Gershwin. Sin embargo hay que mencionar la destacada intervención del tubista Bill Barber en «Buzzard song» y la fogosa batería de Philly Joe Jones rellenando huecos en las dos versiones de «Gone».
Esta magnífica reedición se completa con un librillo que contiene fotografías tomadas en el estudio de grabación, la ilustrativa nota original de Charles Edward Smith publicada en la contratapa del long-play de 1958, otra escrita por Bill Kirchner y una más breve del crítico Phil Schaap, quien se detiene específicamente en el análisis de los dos «bonus tracks» que agrega el CD. Como es natural, figuran además las fechas de las grabaciones y el personal completo de los músicos intervinientes en cada una de éstas.
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