Fin de fiesta en festival de Cádiz
Plantea varios conflictos, fundados en tres morales diferentes: la pugna entre tres normas de conducta: la moral del anhelo de la vida y su conservación (Trini, por Trinidad González), que quiere salvar la vida de su hermano Jorge (Jorge Becker) un soldado de licencia en una guerra contra Perú y Bolivia, soldado que podría desertar y esconderse en el sur, la moral del deber hacia la patria, encarnada en Paula (Paula Zúñiga) y una tercera moral que descubrirá Jorge en medio de los azares de la guerra y que revelará en medio del drama, la ética de una realización personal que aún debe pasar por una difícil aceptación de sí mismo.
La acción no decae un instante, los brillantes y sobrios diálogos crepitan como fuego de ametralladoras.
«In vino veritas» es un ballet (Alicia Soto) que pretende referirse al vino. No lo consigue; tampoco lo intenta. Bailecitos, giros, antorchas que se encienden, , el brindis de «La Traviata», transfusiones de vino, un ataque al público con ametralladoras de juguete, por bailarines que sin duda conocen un arte mejor, no se integran en un objeto unitario. No recordamos un sólo momento, casi ni una sola posición, que mereciera el nombre de ballet.
«El ball des rates mortes» de Xarxa Teatre (España); pretende asociar la memoria de James Ensor, que gustaba del carnaval y de las máscaras. Vimos fuegos artificiales de comienzo a fin; vimos unos cabezudos, nada excepcionales, un paso de comedia a propósito de los males del dinero y un final ígneo, sin duda la carta ganadora, donde Xarxa Teatre sacudió la plaza de la Catedral con un espléndido final de fuego y estampidos.
«La alambrada» (Marco Canale) trata de la pederastia. El autor dice que, de joven, supo que uno de sus tíos tenía relaciones sexuales con el hijo adolescente de un empleado de la quinta o estancia familiar. La obra repite dos errores muy difundidos: el primero, creer que hay teatro, o arte, cuando se tratan temas «importantes» o «de actualidad» o se efectúan «denuncias»; y el segundo error, consecuencia del primero, es la creencia de que alcanza con proponerse un buen tema para de inmediato apagar los fuegos y concluir la pieza como por inercia, lo que suele implicar, como en el caso, diálogos pedestres. Todo es vulgar, pero algo nos sorprendió: la pasividad de toda la familia ante la reiterada violación, familia que incurre, por unanimidad, en el delito de encubrimiento. Sin duda, para los estancieros argentinos y sus familias, el Sr. Canale incluido, «niños argentinos», ni sus dependientes ni lo hijos de sus dependientes son seres humanos. Al autor dice sorprenderle «…la capacidad de los seres humanos para mirar hacia otro lado», como si no fuera lo que él hizo. Pretende justificarse con esta obra; pero «La alambrada» es seguir mirando hacia otro lado. Debió haber ido a la comisaría o al juzgado de instrucción, no al teatro.
«Versus» de Rodrigo García, es otra previsible obra de Rodrigo García. Fragmentos de filmes, carteles con reflexiones (algunas de ellas que nos sonaron a Antonio Porchia), caos narrativo, un cantor de cante jondo, música en vivo, Paul Cézanne y Aix – en – Provence, un argentino villero de hablar casi incomprensible, actores que se desnudan unos a otros (no se va más allá), el todo al servicio de infundadas pretensiones de originalidad y refinamiento (en uno de los foros críticos el autor se comparó con Rothko). La imaginación es pobre, pero descontrolada. Buena parte del público se retiró del teatro Falla antes del final.
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