UNA SENSIBLE POETICA DE LA MEMORIA

El escritor Rafael Gomensoro Riverós, que nació en Montevideo en 1946, estudió literatura en el Instituto de Estudios Superiores y, a partir de 1968, abrazó con pasión y dedicación el ejercicio de la docencia.

Poeta de raza, Gomensoro ha desarrollado un prolífico itinerario creativo, que incluye “Hemisferios de silencio” (1981), “El redentor” (1983), “Las viejas estaciones” (1986), “Uno solo y dos” (1997) y otras obras que permanecen inéditas.

Asimismo, ha publicado trabajos de su autoría en revistas nacionales y extranjeras, dictó numerosas conferencias y realizó múltiples presentaciones y prólogos. Actualmente, dirige un taller literario.

Fue director general de la Biblioteca Nacional, cargo que ocupó entre 1990 y 1993.

“La memoria que me invento” invoca un concepto fuertemente imbricado con el tiempo, que refiere a la memoria como reproducción fidedigna del ser y el devenir, a la evocación y a la indispensable recuperación del pasado.

La obra es un vasto entramado literario tejido mediante poemas breves, que operan, a la sazón, como instantáneos disparadores de la memoria que el autor atesora.

Este discurrir, que es personalísimo e intransferible, apela recurrentemente a su propia historia, pero también a la reinvención de esa realidad en tanto vivencia que le pertenece.

El poeta deja sangrar sus recuerdos, pero no de una forma agónica ni lacerante. Lo suyo es un ejercicio de reproducción de lo vivido y lo aprendido, que convive con sus fantasmas, los convoca y los ahuyenta a voluntad.

La poética de Rafael Gomensoro trasunta melancolía. No obstante, es una melancolía habitual, rutinaria, casi como una segunda piel de la cual el poeta ni se vanagloria ni se lamenta, sino que se limita a capturarla para mutarla en poesía, darle forma, embellecerla y dejar constancia de ella.

En este libro, el escritor confirma su plausible capacidad para extraer belleza incluso del sufrimiento. Ello se torna evidente en la frontal elocuencia de su verso, conformado por retazos de memoria ­la verdadera o la inventada­ que el poeta rescata del olvido para eternizarla en el formato impreso.

Rafael Gomensoro exhibe un lenguaje sintético pero contundente, que humaniza su peripecia existencial mediante una estructura que lo acerca más al aforismo que a la poesía tradicional.

En algunos casos, la composición del autor podría emparentarse a la poesía japonesa en su formulación más antigua, el haiku, aquella estructura de catorce sílabas en la cual el poeta debe encerrar una idea profunda valiéndose de una economía de palabras que para nada va en desmedro de los contenidos.

“La memoria que me invento” es un cuidado ejercicio de madurez creativa, en el cual Rafael Gomensoro demuestra todo su oficio para condensar sus diversas inflexiones emocionales.

La obra, que trasunta en todo momento una fina sensibilidad, confirma a Gomensoro como una de las voces poéticas más potentes de la literatura nacional.

(Editorial Botella al Mar)

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