Ambición y tragedia en una película en clave de thriller
En un formato narrativo que, durante ciertos tramos, recuerda la edición del largometraje «Memento» de Christopher Notan, el filme da vueltas y vueltas sobre el sangriento robo fallido a una joyería hasta que desemboca en la cruda reconstrucción de una verdad dolorosa y terrible.
En la trama, al igual que en el mencionado largometraje de Allen, también aparecen dos hermanos con problemas económicos, deseos de seguir viviendo en un mundo de apariencias ostentosas y paraísos artificiales.
Además de lo señalado, también comparten otros asuntos más escabrosos pero la gota que desborda el vaso es el planteo de un atraco como supuesta salida fácil de ese estado crítico con cifras en rojo.
No vale la pena anticipar detalles pero sí señalar que muchas cosas no son lo que parecen y, a medida que el espectador va descubriendo algunos secretos familiares, el posible suspenso se transforma en una triste radiografía de la miseria humana.
Es, en resumen, una película terriblemente trágica; de esas en donde la platea sin dejar de reconocer la estatura artística del proyecto sale hecha trizas. Sin necesidad de golpes bajos ni efectos tridimensionales, «Before the devil knows you’re dead» golpea duro al corazón y la cabeza. Con las distancias del caso, define ese típico desborde de acontecimientos que supera a la humanidad hasta desbarrancarse por un destino fatal que, en este caso, adquiere un tono minimalista y desgarrador. (Lo que, en la mitología griega se reconocía como la inevitable moira que surgía de los designios divinos).
Para Shakespeare, en realidad, cualquier posible desenlace era fruto de las propias decisiones del hombre en su trayectoria por la vida. Esa misma visión retoma Lumet, aunque justicia es decirlo, las cartas salen mal barajadas de antemano (un «efecto mariposa» que estropea todo desde el principio), en una seguidilla de hechos que delatan la propia ambigüedad de muchas escenas clásicas donde la anagnórisis, o revelación, se daba de manera fortuita en medio del caos.
Una ambigüedad que parece extenderse al título, aunque el pressbook señala de manera esclarecedora que «todos somos pecadores» y «debemos asegurarnos de llegar al cielo media hora antes de que el demonio se dé cuenta que hemos muerto». Es un mundo cruel, sin dudas.
Antes que el diablo sepa que estás muerto (Befote the devoil knows youre dead»; Estados Unidos; 2008).
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