En escena. Sonámbulos, el estado hipócrita, de Luciana Lagisquet, en el teatro de Agadu

Seis personajes en escena dan humor, color, bullicio, parloteo y vida a la obra

Hay también, y estos son caracteres más personales de arte de la autora, graciosa desenvoltura, un humor ácido pero benigno, un interés genuino en el mundo exterior, en personas y situaciones reales.

En una plaza teatral donde todo parece suceder, no ya «puertas adentro» sino corazones adentro, o en el topus uranus, la impostación realista de Lagisquet es música celestial, parece que abre ventanas, puertas, miradas, que trae oxígeno, sangre, transpiración y temblor. Habla a menudo, con soltura, del sexo: pero no lo presenta como una escarapela en la solapa que acreditará su mayoría de edad, ni como prenda de desprejuicio o arrojo: simplemente, aquello existe, tiene peso, incide, debe tener su lugar en el cuadro, aunque nunca será, por lo que hemos visto hasta ahora, ni todo el cuadro ni parte muy significativa.

En esa libertad está la gracia de «Sonámbulos». Los diálogos van y vienen con naturalidad, humor y vuelo; la autora no se detiene, no subraya, no se para en los coturnos, no trata de ser o parecer importante. Hay seis personajes (Dios sea loado; a veces, al ver las desoladas tablas de nuestros teatros, nos creeríamos en un teatro para beduinos, allá en un oasis del Sahara), personajes que dan, como es inevitable, sensación de vida, color, bullicio y parloteo: todo lo que suele faltarnos. Esos personajes son esquemáticos y, hasta cierto punto, deben serlo, porque el teatro, que llega a transitar profundidades abisales, es un arte de pocos trazos, que hay que elegir muy bien; quizás un arte directo hasta parecer brutal, si es que hay algún arte que no sea directo o no llegue a parecer brutal; si es que algún arte puede ser el producto de una fabricación y no de un florecimiento. En esa simplificación o adelgazamiento de la vida exterior, que vemos en «Sonámbulos», con su irresistible efecto cómico, creemos ver un eco – o una producción paralela, quizás por circunstancias vitales similares- de las obras de Rafael Spregelburd, que ha dejado una fuerte impronta en nuestros autores, actores y directores jóvenes.

Tanto la dirección de la autora como la interpretación, siguen las mismas pautas de sobriedad y eficacia que el libreto.

 

SONAMBULOS, EL ESTADO HIPOCRITA, de Luciana Lagisquet, con Florencia Infante, Yoni Kurlender, Danna Liberman, Victoria Pereira, Bruno Pereira y Leticia Rodríguez. Iluminación de Andrés Piazza, música y ambientación sonora de Alfredo Leirós, vestuario de Elfor, dirección de Luciana Lagisquet. En teatro de Agadu.

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