Testimonio. "El círculo", un docudrama que evoca la supervivencia de un rehén de la dictadura

La memoria de un tiempo de pesadilla

Cuando el ejercicio del poder se torna abusivo, esta sistemática práctica de conculcación de la libertad individual se transforma en una herramienta autoritaria.

En la primera mitad del siglo pasado, el ejemplo más despiadado de esta doctrina del exterminio fue el nazismo, que asfixió toda expresión de disidencia en los campos de concentración, las cámaras de gas y los hornos crematorios.

No obstante, durante las décadas del sesenta y el setenta, las dictaduras latinoamericanas auspiciadas por el imperialismo, empardaron con creces esas prácticas de horror.

En un dramático contexto regional, nuestro Uruguay fue víctima del terrorismo de Estado de la dictadura, que instauró una auténtica pesadilla de feroz represión contra los partidos y organizaciones sociales opositoras.

Los uruguayos que más padecieron fueron los miles de presos políticos depositados en las bastillas del régimen y, en forma muy particular, los nueve rehenes tupamaros sometidos a tratos inhumanos en condiciones de aislamiento.

En «El círculo», los realizadores compatriotas José Pedro Charlo y Aldo Garay construyen un documental sobrio pero contundente, que recupera la memoria de la pesadilla.

El filme se centra en la figura de Henry Engler, uno de los nueve rehenes de la dictadura, que tras recuperar su libertad en marzo de 1985, se radicó en Uppsala, Suecia. En esa tierra, que fue un ejemplo de hospitalidad para nuestros exiliados, el ex guerrillero echó raíces.

Actualmente, Engler, que es médico neurólogo, integra un equipo que investiga el mal de Alzheimer en su patria de adopción, habiéndose transformado en una figura científica relevante a nivel planetario.

El filme no es una recreación histórica de la épica guerrillera de los años sesenta y setenta, sino el testimonio personal de una de las figuras más relevantes de la organización insurgente.

El relato mixtura el pasado con el presente del protagonista, en un itinerario vital que condensa particularmente la experiencia de supervivencia en condiciones extremas, que compartió con otros compañeros de lucha.

En una suerte de elocuente monólogo, Henry Engler oficia de narrador de su historia personal, que se nutre de imágenes vinculadas a su origen y su infancia, pero también de los lugares en los cuales permaneció cautivo.

Ese periplo, que se inicia en el presente en Uppsala, prosigue luego en Paysandú, San Javier, Bella Unión y en varios cuarteles que, durante el gobierno autoritario, fueron transformados en campos de exterminio.

Esos paisajes operan como una doble experiencia de recuperación del pasado, que restituye la memoria de la génesis del personaje, pero también sus peores demonios y pesadillas.

El prolijo trabajo se enriquece con elocuentes testimonios de compañeros de la epopeya guerrillera, como Julio Marenales, José Mujica, Jorge Zabalza y Mauricio Rosencof, entre otros.

En ese contexto, no sorprende el reencuentro con un soldado que fue carcelero de Engler en San José y que incluso tuvo un encomiable gesto de piedad con el preso político.

La inclusión de un material de archivo que registra el primer encuentro de los tupamaros con la prensa ­en el local de los Padres Conventuales­ tras el prolongado cautiverio, construye uno de los tramos más conmovedores de este impactante documento fílmico.

Narrado siempre en primera persona, este filme da cuenta de la lucha por la supervivencia en condiciones de aislamiento, de la pesadilla de la tortura y de las más aberrantes violaciones a los derechos humanos perpetradas durante el gobierno autoritario.

Henry Engler admite que la clave fue mantener la cordura y la fortaleza espiritual y no sucumbir ante la sistemática práctica de hostigamiento físico y psicológico practicada por los carceleros.

Uno de los mayores méritos de este docudrama nacido del vientre de la realidad, es la encomiable sobriedad de sus lenguajes y su planteo argumental, que desestima de plano todo eventual efectismo o propósito panfletario.

«El círculo» es una obra madura y elocuente, que restituye la memoria de los tiempos más oscuros de nuestra historia reciente, convocando a reflexionar en torno al coraje y la integridad ética de un grupo de uruguayos que lucharon por una sociedad más justa.

 

EL CIRCULO. Uruguay 2008. Dirección y Libreto: José Pedro Charlo y Aldo Garay. Fotografía: Diego Varela. Sonido: Alvaro Mechoso. Diseño gráfico y foto fija: Ramiro Ozer. Productores: José Pedro Charlo, Ivonne Ruocco, Detlef Ziegert, Gonzalo Rodríguez Bubis, Pablo Salomón y Sergio Gándara.

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