LAS TANDAS SON LOS PROGRAMAS
Desde ahora, los canales de televisión deberían incluir la salida de los comerciales, uno por uno y avisar que en medio de ellos va un programa. Es el desquicio total. O la dependencia total de lo que viene de afuera.
El problema quizás no se repita en todos los canales privados abiertos. Pero está tomando cierto tono de desastre en Teledoce, al final de la jornada, ya que vuelve a cualquier televidente en esclavo de la publicidad con el seguro riesgo de encontrar que todo lo que se pretende vender no convence a nadie porque se pierde entre tantas marcas y ofertas.
Casi una tomadura de pelo, para los impacientes. Pero de acostumbrarse, indicando a qué hora van las tandas, uno podría planificar su vida con más precisión, dedicando esos momentos a afeitarse, bañarse, empilcharse, prender el fuego y hacer el asado o cualquier otra cosa que desee, porque tiempo tendrá.
Todo esto viene con la excusa de habernos encontrado una noche que en medio de «Bailando por un sueño» había más de cuarenta minutos de anuncios y algunos minutos de programa.
Corresponde plantearse la posibilidad de la dependencia de lo que viene de afuera, porque Marcelo Tinelli puede darse el gusto de no parar por casi una hora, que es lo que aquí vemos alrededor de las 23.00 horas, pero luego vienen los desajustes y las locuras.
En nuestro país existía, creemos que existe pero nadie se preocupa por controlar si se cumple o no, una reglamentación legal que fijaba, si la memoria no falla, que se admitía un máximo de quince minutos de publicidad por hora y en ciertos casos muy especiales podían sumarse otros cinco minutos, pero no más.
Para comprobar el desbarajuste y la anarquía reinante sufrimos dos programas de Tinelli. El del martes 8 que tuvo una tanda única, de apenas 14 minutos seguiditos, entre las 23.12 y 23.26 hs., lo que en los hechos encajaría dentro de lo permitido. La próxima tanda llegó recién pasada la medianoche, a las 00.12 y ya se fue al diablo porque duró hasta 00.27, los quince minutos máximos pero entró un segundo corte a las 00.31 que fue hasta 00.44, o sea otros trece minutos más, lo que sumados dan veintiocho, bastante pasados de lo admitido.
Empecinados en probar que no eran casualidades, volvimos a contar tandas en el programa de este pasado lunes 15. Nuevamente en la hora de las 23.00 se contó con trece minutos de tanda, lo que está al borde, pero luego, cruzada esa medianoche, ahí se llegó a comerciales desde las 00.18 hasta las 00.34, dieciséis minutos de corrido, y luego un segundo corte a las 00.38 que continuó hasta las 00.50 o sea doce minutos más, llegando a sumar veintiocho, si la calculadora no dice lo contrario.
Si alguien quiere puede recurrir a la tontería de afirmar que «el tiempo es oro» porque lo que ser millonario estaría muy al alcance de los ojos. Pero quizás ese oro sea simple suciedad volando ya que a las agencias de publicidad no les debe resultar muy grato encontrar que están pegados dos comerciales de celulares o dos de champú o dos de bebidas o dos de cremas para rejuvenecerse la piel, con lo que uno de ellos o los dos van al muere en la recordación de marcas y bondades, que para peor siempre suenan iguales.
Más que nunca, más en este programa todavía, sería necesaria la ley de protección al televidente. Porque si se atormenta con tandas más largas que los programas uno puede terminar imitando, y ahí la mayor gravedad, a alguna tilinguita que aparece como «tontita». Esto viene para diversión del conductor, que con alevosía se burla de la muchacha y ésta cree que la está lisonjeando y en cambio suele tomarle los cabellos.
La referencia es a una tal Karina Jellinek, que quiso probar que sabía mucho de literatura y regaló un libro de García Márquez y cuando fue interrogada si sabía de qué nacionalidad era, salió con pavadas, y cuando la pregunta fue si había leído algo más respondió con otras pruebas de ignorancia. Y que en este lunes pasado, dejando caer lágrimas bobas, explicó, luego de su baile, que no podría participar en la siguiente prueba porque se había quemado mucho por permanecer dos sesiones seguidas en una cama solar.
La pregunta podría ser ¿Por qué continúa? La respuesta es, seguramente, que a Tinelli le sirve reírse de la ignorancia garrafal de esta aspirante.
Hay, para recordar, algún otro ejemplo de vaciedades y memeces como la de otra joven que dijo que tenía 21 años y cuando Tinelli le preguntó en que año había nacido no supo responder más que ambigüedades. Parece mucho. Y es mucho. Tanto que alguna otra vez volveremos.
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