Muerte en un funeral: esperando la carroza en la Gran Bretaña
No se trata solo de una receta cómica sobre los enredos y desencuentros que surgen en medio de un atípico sepelio sino que también supone una mirada bastante ácida sobre fachadas hipócritas, intereses rastreros y otros lamentables ingredientes de la miseria humana.
En la anécdota, ubicada esencialmente en la unidad espacial de la casa donde se realiza la ceremonia fúnebre, circula una nutrida fauna de personajes que incluye de todo un poco. Desde la elegante viuda inconsolable, dos hermanos que no se llevan muy bien, un «galán» fastidioso y su amigo hipocondríaco pasando hasta por un peculiar enano con algún que otro secreto en la manga, el filme se juega a las interrelaciones de dichas criaturas en un marco fúnebre que va perdiendo su solemnidad a medida que avanza la proyección.
Con una estructura de corte teatral, las idas y venidas que promueve el acontecimiento central termina en una suerte de caos con señores desnudos que se pasean por el techo de la casona mientras un supuesto asesinato procura disimularse de manera grotesca.
Es que desde el comienzo (con un muerto equivocado que transporta la empresa y se lleva de nuevo a otro entierro), el largometraje ya muestra sus desenfadadas intenciones de mofarse de la parca, además de tirar sus dardos a ciertas actitudes egoístas y conductas prejuiciosas. No todo es desencanto, obviamente. La comedia implica un final feliz (dentro de la situación desgraciada) y el «triunfo del amor auténtico», a pesar de tanta fallutería socializante, se hace su espacio para sumar sonrisas entre otros hechos menos románticos.
Por suerte, el director (que ya había demostrado su pericia en títulos como la clásica «Tiendita del horror») hace que el desafío de generar comicidad en un contexto a contramano no se expida en obviedades pueriles y/o groseras. (Algo que Roberto Benigni ya había logrado en un reto mayor con «La vida es bella» dentro de un campo de concentración).
En este caso, el filme transita entre el pudor y un divertimento que diluye el aspecto lúgubre de las exequias permitiendo que el auditorio pueda contagiarse de la necesaria sonrisa nuestra de cada día. (Por algo ya ha conquistado el Premio del Público en dos festivales internacionales). Sin golpes bajos ni burlas irrespetuosas, la invitación a este «funeral» permite que uno pueda pasarla bien sin cargo de conciencia. Vale.
Muerte en un funeral (Death at a funeral; Gran Bretaña / Estados Unidos; 2007). Dirigida por Fran Oz. Guión: Dean Craig; Producción: Sydney Kimmel, Diana Phillips, Share Stallings y Lawrence Malkin. Producción ejecutiva: William Horberg, Bruce Toll, Andreas Grosch y Philip Elway. Fotografía: Oliver Curtis. Edición: Matthew Robinson. Música: Murria Gold. Con Jane Asher, Matthew MacFadyen, Rupert Graves, Ewen Bremner, Meter Dinklage, Daisy Donovan, Meter Egan y Keeley Hawes.
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