TOUCHÉ

DEL ROCK A LA CANCION FOLCLORICA

­¿Con material nuevo?

­Preparando algunas cositas nuevas para presentar un buen repertorio en el circuito de festivales del interior de nuestro país. Esperamos participar en el Festival del Reencuentro a Orillas del Olimar, en el Salto de Agua y en el Festival del Caballo. Y estamos tratando de conectarnos con la gente que organiza La Patria Gaucha y la semana festivalera de Paysandú.

 

­¿Qué repertorio y qué estilos?

­Básicamente seguimos con lo que creemos es lo más representativo de nuestro folclore campesino, chamarritas y milongas camperas aunque hemos agregado un par de chotis, una cifra, dos cielitos y una habanera. En lo que tiene que ver con las canciones, con los textos, transmitimos fundamentalmente aquellas cosas que hacen al hombre de campo, las vivencias que, por su condición de apegado a las labores propias de la tierra, son las que lo definen como un ser humano con características diferenciadas al ser urbano, al habitante de las ciudades, ya sea Montevideo o las del mismo Interior.

 

­¿Sin embargo antes hacías rock?

­Es cierto, creo que todo tiene su tiempo y razón. Cuando apenas tenía 12 años me colgué mi primera guitarra, que era eléctrica, una belleza, una Gibson Les Paul. Con ella y la barra del boliche de la esquina formamos un grupo de garaje, incluso incursionamos en el grunge.

Luego, con el paso del tiempo me fui dando cuenta de algunas cosas que para mí son decisivas. Me radiqué en Canelones y comencé a ver y a participar en otro tipo de actividades.

Ahí me di cuenta de la forma de vida de otras personas, gente que me conmueve hasta los huesos y con la que viviré el resto de mi existencia.

Canto entonces para mi gente, desde ella y con ella y claro está, con la música que mejor nos representa.

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