Un aire de familia en Cinemateca 18

Una Francia triste

Se trata de un director joven, que practica la ironía, inclinado a comedias en la tradición francesa. Esas características las mantiene en Un aire de familia, sobre un grupo familiar que cada semana se reúne en el restaurante donde murió el pater familias. El filme proviene de una pieza teatral previa de Agnès Jaoui y Jean-Pierre Bacri, que son actores protagónicos de la película.

A diferencia de otros encuentros semanales, esta vez una de las esposas ha decidido no asistir a la reunión e irse de viaje para repensar su matrimonio.

Ese pequeñísimo drama detona la revelación de otros: cada uno de los asistentes procederá a narrar sus propias miserias, sus fracasos, sus conflictos. A medida que la tensión aumenta, las revelaciones se hacen más graves, más inesperadas, y el tono cambia. El aire de familia no es el más apacible, el grupo termina en el desconcierto: las relaciones humanas no son simples.

La reunión semanal es un encuentro de perdedores, y la habilidad de la versión cinematográfica consiste en la intercalación de las historias previas de cada personaje para revelar los fracasos individuales.

El entorno, quizás buñueliano, es opresivo y hostil, y la idea de trampa que envuelve a los personajes se prolonga en la comparación con animales igualmente atrapados: un perro paralizado, una mosca moribunda, un pez en su estanque. Las imágenes de fuga o plenitud son evocadas solo para ser finalmente desmentidas por la realidad. Y un par de finales felices (falsos, porque luego todo continúa) son desmentidos con sarcasmos.

La fascinación por la mediocridad humana es el punto de coincidencia entre los dramaturgos Bacri y Jaoui y el director Klapisch, quienes utilizan la caricatura y el humor cómico para burlarse de una sociedad convencional.

En el reciente cine francés, donde las películas son más convencionales de lo deseable, el cine de Klapisch introdujo un aire renovador, ocurrente, y la transgresión. Su revelación fue en 1992 con Riens du tout, y reincidió en 1995 con Le péril jeune, que es básicamente una crónica juvenil con humor. Esos filmes, y en especial Chacun cherche son chat de 1996, con burlas a los parisinos, muestran una visión diferente de la vida masificada y anónima en Francia, una sociedad paralizada y no se sabe por qué satisfecha. La última película de Klapisch, Peut-être, con Jean-Paul Belmondo, de reciente estreno en París, abandona estos temas y los reemplaza por la ciencia ficción.

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