EXHUMACION DE UNA PERDURABLE QUIMERA

Hace casi un siglo, la escritora Mary Shelley, su esposo el poeta Percy Shelley, Lord Byron y su médico y secretario, John Polidori, atrapados por una persistente nevada en una mansión suiza durante sus vacaciones de 1816, se desafiaron mutuamente a inventar la mejor historia fantástica.

No se pautó un tema en común al cual debieran ceñirse, pero sí existía previamente una herencia literaria fermental compartida de la cual todos abrevarían.

Se inspiraron en las historias góticas anglosajonas que leían con fruición, el rico y ancestral folclore rural europeo, los conocidos relatos de aparecidos, muertos vivientes, fantasmas y criaturas mitológicas, presentes, desde siempre, en el imaginario colectivo, del cual se nutrían los folletines de la época y periódicos sensacionalistas.

Sólo dos de los participantes cumplieron con el desafío propuesto. Mary Shelley dio al mundo una de las historias canónicas de la literatura fantástica y de horror de todos los tiempos y una de las mejores escritas.

Con tan sólo diecinueve años, la joven escritora creó al trastornado Doctor Víctor Von Frankenstein y a su atormentada criatura, fabricada a partir de fragmentos de cadáveres.

Por su parte, John Polidori escribió una historia, inspirada en las leyendas que pueblan el imaginario colectivo europeo, titulada «El vampiro», relato breve que inspiró al periodista Bram Stoker para escribir su mítica «Drácula».

En esta oportunidad, fue la investigadora y autora Ivette Trochón quien, convocada por la Editorial Fin de Siglo, reunió a cuatro de los más destacados escritores uruguayos, a quienes propuso un desafío similar.

Los autores convocados para la oportunidad fueron Susana Cabrera, Juan Grompone, Carlos Maggi y Luis Nieto. La idea, más allá de que los cuatro autores convocados debían ceñirse a un tema en concreto, era tener puntos de vista distintos y diversos estilos de narración, considerando las diferencias de enfoque y escritura de los participantes.

Previamente, la historiadora les entregó una síntesis de la investigación que ella misma había realizado sobre el tema que debían abordar, ni más ni menos que el renombrado «Tesoro de las Masilotti».

A fines de la década del cincuenta, arribaron a Montevideo las hermanas Clara y Laura Masilotti, dos ciudadanas estadounidenses de ascendencia italiana que pasaban los cincuenta años.

Ambas alegaban poseer derechos sobre un supuesto tesoro, una fabulosa colección de piezas invaluables, que estaba oculto, hace más de un siglo, en el predio ocupado por el Cementerio Central.

Con tal propósito, iniciaron gestiones ante la Intendencia, para obtener los permisos pertinentes que les permitiera iniciar las excavaciones.

En 1951, Clara Masilotti presentó a las autoridades comunales un plano que señala la ruta para llegar al tesoro, accediendo a un pasadizo oculto en uno de los costados de la necrópolis.

Desde ese entonces y hasta principios de los años ochenta, varios fueron los intentos de desenterrar el tesoro, primero por parte de las propias hermanas y Masilotti y luego por otros ansiosos buscadores.

Según las hipótesis más aceptadas, la información y los planos habían sido proporcionados por el padre de las hermanas antes de morir y el tesoro fue enterrado por el abuelo de ambas, el Cardenal Juan María Mastai Ferretti, quien posteriormente fue nombrado Papa, como Pío IX.

Esta legendaria historia, sobre la cual se tejieron infinidad de conjeturas, era el punto de partida propuesto a los cuatro escritores, quienes disponían de un fin de semana de «reclusión» en el Hotel La Capilla de Punta del Este, para escribir lo que se les ocurriera sobre el tema pautado.

Así nació «Escritores en Capilla: el tesoro de las Masilotti», una obra colectiva que rescata, en clave de ficción, el espíritu de una de las leyendas urbanas más perdurables de todos los tiempos.

Susana Cabrera, fiel a su reconocido estilo, narra una historia de amores perdidos y de ilusiones abandonadas, haciendo recaer el peso del relato sobre la hermana menos conocida, Laura, quien, aparentemente, se limitaba a seguir a Clara en su obsesivo afán de hallar el tesoro.

La historia es una larga misiva que Laura escribe a un supuesto amor que dejó en Estados Unidos, explicándole el motivo de su partida en pos de ayudar a su hermana, de sus dudas, su melancolía y su temor por la cordura de Clara, quien literalmente perdió su vida y su fortuna tras aquella quimera.

Por su parte, Juan Grompone inventa una ficción sobre la propia reunión, tomando como personajes a los propios escritores y elaborando un cuento policial, en el cual es él quien aparece misteriosamente asesinado.

Por su parte, Carlos Maggi comienza elaborando una suerte de ensayo sobre la opinión pública, tomando como punto de partida al tesoro de las Masilotti.

Sorprendentemente, el texto deviene en un alegato político, panfletario y fuera de lugar, que elogia insólitamente la política económica de gobiernos anteriores, que privilegiaba el equilibrio fiscal sobre los justos reclamos populares. También critica puerilmente a la actual administración progresista.

Luis Nieto, fiel a su trayectoria como cineasta, ambienta la historia en Holywood, antes que las Masilotti llegaran a Uruguay y se abocaran a la búsqueda del supuesto tesoro.

Nieto apela incluso a personajes reales como el aviador y magnate Howard Huges, a quien incorpora hábilmente en la trama de una bien aceitada historia con tintes de cine negro clásico.

(Editorial Fin de Siglo)

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje