Estreno. Una película que mixtura el drama y la comedia

La misma luna: fronteras que  caen ante los lazos familiares

El filme se hizo merecedor a una ovación de pie en el Festival Fílmico de Sundance en 2007, gracias a su conmovedora narración de una madre y su hijo que viven a lados opuestos de la frontera de los Estados Unidos y México, a quienes les une un amor duradero.

En su debut en largometrajes, la directora Patricia Riggen entrelaza sus vidas paralelas para confeccionar un vívido tapiz de añoranza y devoción que pone de relieve el amor y la tenacidad de un niño y el sacrificio de una madre.

Carlitos (Adrián Alonso), un niño de 9 años de edad es uno de los incontables pequeños que son dejados atrás por sus padres cuando van a los Estados Unidos en busca de un medio para mantener a sus familias.

Rosario, su madre, (Kate del Castillo) ha estado trabajando de manera ilegal en Los Ángeles durante cuatro años, enviando dinero a casa para su madre e hijo con el fin de que tengan la oportunidad de una vida mejor.

Cuando la muerte de su abuela deja abandonado al joven Carlitos, este toma su destino en sus propias manos y se dirige al norte para cruzar la frontera y encontrar a su madre. Al viajar de una aldea rural en México hasta llegar a un barrio en Los Ángeles, Carlitos se enfrenta a obstáculos que parecen insuperables; con una determinación de acero y un optimismo que permanece inamovible, lo cual hace que se gane el respeto y el afecto de su renuente protector, un trabajador emigrante de mediana edad llamado Enrique (Eugenio Derbez).

La improbable pareja se abre camino desde Tucson hasta el Este de Los Ángeles; pero la única pista que tiene Carlitos con relación a dónde se encuentra su madre es su descripción de la esquina de la calle desde donde le ha hablado por teléfono todos los domingos durante los últimos cuatro años. Sin saber que Rosario está a horas de regresar a México para reunirse con su hijo, Carlitos y Enrique desesperadamente peinan la amplia y desconocida ciudad para encontrar ese lugar que existe sólo en su imaginación.

«Es una pequeña película, sin pretensiones, y llena de corazón. La cosa mas gratificante para mí es ver la reacción del público.

Me encanta verlos reír y llorar. No sólo quiero que estén entretenidos, sino que también espero que el significado de este trabajo permanezca con ellos», declaró la directora Patricia Riggen a medios internacionales.

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