Anhelo Hernández en el MNAV
Como sucedió con otros artistas, de Tiziano a Picasso y Matisse, Anhelo Hernández modificó su estilo después de los ochenta años, encontrando un lenguaje vital y entusiasta en el campo de la técnica digital. Suma atención, Desolada y El poeta, tres grabados digitales realizados en 2008 son reveladores de una libertad operativa desprendida de sus evidentes afinidades electivas durante toda su trayectoria.
Es aquí que, una rica experiencia de vida, de viajes por el mundo, de lecturas, de recorrer el arte de ayer y de hoy en museos y galerías, de práctica incesante con los más variados recursos visuales, que su indesmentible sensibilidad transparece con enérgica voluntad de forma en el trazo deslizándose con plenitud, libre de ataduras ideológicas o afectivas (aunque sin desconocerlas), en permanente estado de invención, surgiendo del encuentro gráfico con la blanca superficie, para someterla y poblarla con aparente espontaneidad, ejercitada, no obstante, largo tiempo.
Esa vitalidad neobarroca, de sombríos contrastes de blancos y negros, donde el dibujo adquiere intensidades, grosor y orientación diferentes, enroscándose o disparándose en complejidad creciente, sin reposo, obliga al receptor a internarse en su itinerario para acompañar o restituir el acto primero de crear.
Mucho más que en la narrativa de varios personajes en la misma estampa digital, con predominio literario, son esas aisladas figuras que atrapan de inmediato, sin intermediarios, al igual que las series de aguafuertes de diferentes épocas, donde el artista calcula con rigor los grises y la vibración lineal.
Lamentablemente no todas están registradas en el importante y minucioso catálogo.
La Antológica Anhelo Hernández en el Museo Nacional de Artes Visuales es un logrado resumen del múltiple artista que no acepta ser fácilmente encasillado. Sin padecer la angustia de las influencias, estudiada por Harold Bloom, su pintura aceptó casi sin darse cuenta la estética de varios genios de la historia del arte (Piranesi, Goya, Picasso, Torres García) desplegando un amplio espectro temático, retratos y naturalezas muertas ligadas, primero, al TTG y luego, y siempre, la constante obsesión picassiana, incluso en el seguimiento temático del genio malagueño como Las Meninas velazqueñas, las esculturas recortadas y el erotismo de parejas acopladas que, como Erótico azul, el expresionismo resulta poco convincente en su desmañado dibujo, mientras las omnipresentes figuras de Guernica aparecen y reaparecen fragmentariamente en numerosos cuadros.
Pero ese heroico desplazamiento entre influencias recibidas, postergando siempre su sello identitario que opacaron sus auténticas facultades creadoras, nada frecuentes en el ámbito local, en porfiado combate a través de más de medio siglo, Hernández consigue, al fin, en el laborioso indagar de nuevas técnicas, encontrarse a sí mismo.
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