A partir de Torres García
De origen gallego, nació en 1914 (no en 1918, fecha en que llegó a Uruguay con su familia, como se insiste en numerosas publicaciones), Manuel Pailós estudió en el Círculo de Bellas Artes, en 1942, con Guillermo Laborde y José Cuneo que, de alguna manera, dejaron su huella en su pintura ya que el planismo se adecua al constructivismo torresgarciano al cual ingresará en 1943 de la mano del maestro.
Investigador paciente, experimentó la encáustica, el cemento poroso, el yeso, la madera, el ladrillo, la chapa repujada, la cerámica, el dibujo, la acuarela, la tinta y, desde luego la pintura, mural y de caballete, es decir, se deslizó entre el plano y el volumen con facilidad y eficacia expresiva.
Su facundia inventiva lo llevó por diferentes opciones, figurativas y abstractas, sígnicas y simbólicas, a un entendimiento peculiar del constructivismo que en algún caso lo acerca a la última etapa de Malevich ( Cara constructiva, 1984), al sintetismo matissiano y al trazo grueso de Capogrossi ( Desnudo, 1963), bordear el erotismo ( Desnudo, 1962, Figura, 1953), algo nada frecuente entre sus compañeros, a excepción, quizá, de Gurvich, que se puede advertir en la muestra inaugurada en Galería de las Misiones.
Una muestra que, perteneciendo al acervo de la galería, no intenta ser representativa de toda su producción (está ausente la idea simbólica de la travesía concentrada en pequeños o grandes barcos o la iconográfica de talante bizantino) pero que descubre aspectos encantadores de su extensa producción (llegó a realizar exposiciones anuales durante largos años), signados por cierta impostación naïf y la constancia de una labor artesanal muy visible (en el ladrillo, la chapa repujada), muy reveladoras en esta oportunidad
Compartí tu opinión con toda la comunidad