Opinión. "Los puentes entre la sociedad y el teatro están cortados"

El receptor, obra de Virginia Arturo, en Espacio Teatro

De Kafka (que fue un burócrata), o su personaje «K» penando ante el castillo inabordable. Hay por momentos algo de Ionesco, otro poco de Beckett; y en esta parte Virginia Arturo reproduce, sin las anotaciones magistrales y casi imperceptibles de «La última cinta de Krapp», la vida cotidiana, todo el tedio que puebla las vidas desgastadas en una sala de espera.

Casi preferiríamos estar haciendo cola, realmente, para quizás obtener algo, y no padecer vicariamente el tedio de cuatro mujeres que esperan, sin esperanzas, que el receptor, atrincherado en una vaga parcela de autoridad, las atienda.

Pero el tema de la obra es la violencia doméstica, la sumisión de la mujer, sus humillaciones que en algún caso se canjean por un matricidio y en otras por el suicidio; y la autora remata con un cálido coro de las cuatro mujeres, ahora desdobladas de sus personajes, que exhorta a la denuncia, a la acción y, por supuesto, a un casi inevitable aplauso.

Entre el momento en que empiezan a contarse las historias y la oratoria final, caben cuatro relatos con un nítido color de verdad, de verdad vivida y no aprendida o leída; pero apenas trabajada. Cada una de las historias es relatada al «receptor» (y las más de las veces refutada por el funcionario), con lo que la dosis de realidad se diluyó cuando comenzaba a aparecer. Aún cabe decir que por saludable que sea el alegato de la pieza, ya existe en nuestra sociedad una conciencia del tema, a la que «El receptor» agrega poco o nada. Los puentes entre la sociedad y el teatro están cortados.

Sin embargo, la impresión que perdura, finalizada la obra, es que al fin se dice algo de lo que pasa en la calle; que hemos oído, en un lenguaje entrecortado pero audible, a cuatro de nuestras mujeres. Eso casi alcanza para justificar la obra… pero no alcanza.

 

EL RECEPTOR, de Virginia Arturo, con Paula Echevarría, Sabrina Speranza, Cristina Velásquez, Ximena Echevarría y Alejandro Dutra. Escenografía y vestuario de Luciana García y Sofía Sassi, luces, sonido y fotografía de Alejandro Carbonell, dirección de Ximena García. En Espacio Teatro.

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