Imaginación colombiana

Las excelencias llegan casi sin anunciarse. La embajada de Colombia lo hizo con apenas tres días anticipados a la inauguración en el Cabildo de Montevideo de Bordes y confines, sin mayores datos.

Una incógnita a despejar en una sala que en los últimos tiempos perdió el prestigio de otrora. Era natural que el escepticismo se instalara entre los exigentes. La sorpresa, por eso, fue mayor. Entre una asistencia protocolar al acto inaugural, sin ningún artista a la vista, ya, a la entrada, se imponía con la contundencia visual una enorme instalación de madera transitable, con doble proyección de videos, dentro y fuera. Era la primera de cinco distribuidas en el patio debidamente protegido de las inclemencias del tiempo.

La Fundación Natibo de Bogotá realizó una expedición por toda Sudamérica durante siete meses de 2004, un recorrido de veinte mil kilómetros por agua y setenta mil por carretera, registrando la geografía, paisajes, fauna y flora, la llanura colombo-venezolana y las tierras patagónicas argentino-chilenas, los enmarañados vericuetos de Bolivia, Brasil y Paraguay, las montañas peruanas y ecuatorianas y el apacible Uruguay. De ese enorme material fotográfico y videográfico, el curador Carlos Bentancourt, coordinador general y diseñador del montaje, concibió la exposición Bordes y confines, acompañado del diseñador gráfico Camilo Umaña, junto con un equipo y armaron una exposición de portentosa imaginación en visiones fragmentarias sobre las particularidades de América del Sur concentrándose en cinco temas (cinco instalaciones monumentales) que definen al continente sudamericano: el agua, la atmósfera de las ciudades, la biodiversidad, mixturas, bordes y confines de territorios perdidos del mundo.

El resultado se exhibe en el Cabildo y es uno de los acontecimientos artísticos del año. También político. Porque lo que no consigue el Mercosur, entre discusiones ficticias sobre su viabiliadad o no, su aceptación y rechazo según los tiempos electorales, esa entelequia para ministros distraídos y holgazanes, la responsabilidad concreta la asumen los colombianos, con toda la brutalidad de sus problemas internos. Intentan recuperar los planes del Mercosur y de la Cumbre de Cusco, que en sus declaraciones privilegian la formación de un estado sudamericano integrado, basado en la concertación y coordinación política y diplomática, la integración física, energética y de comunicaciones, superando las asimetrías existentes con la utópica mirada hacia un Nuevo Contrato Social Sudamericano. Pero mientras el activísimo Fernando Araújo Perdomo, ministro de relaciones exteriores colombiano, asume las responsabilidades continentales, los ministros mercosureños brillan por su ausencia y hasta un senador uruguayo, precandidato a presidente, se ufana, sin rubor y con el desdén que lo caracteriza, de despreciar al Mercosur. Así va la cultura y la política exterior del país.

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