Daniela Mercury en Punta
Raúl Forlán Lamarque – Punta del Este
Es bahiana y, como tal, posee ese no sé qué apetecible y colorido, ese despliegue insosegable que ciertamente reemplaza a un posible carisma, aun cuando para muchos Daniela Mercury es absolutamente sensual y carismática. En todo caso trabaja mucho, muchísimo a nivel escénico como para provocar esa sensación en los agitados espectadores.
Es atractiva, tal vez, pero no sensual. Hay un formidable plus de profesionalismo y en consecuencia de capacidad de entrega, algo que pudo comprobarse en su reciente concierto en el Hotel Conrad donde recorrió su obra a piacere y se mandó también con temas nuevos, pegadizos, variaciones de su obra fundada.
Canciones de una constitución luminosa, estimuladoras de una estética claramente corporal donde el «axé», su señal o eje musical, da paso a otros mestizajes sonoros con un combo o banda de apoyo que realmente impresiona por su sincronicidad, por su versatilidad y su destreza, su alto sentido expresivo, su generosidad profesional, sus finezas varias y esa intensidad entre cuerdas y percusión en una escala de menor a mayor que logró encender la velada.
Lo cierto es que Daniela Mercury, aquella que alguna vez beatificaron con sus opiniones Caetano Veloso y Gilberto Gil, ha arribado a una madurez tan palpable que, a la hora cero del escenario, todo opera con facilidad (que no facilismo) y con una especie de soltura que parece abrazar al público. Esa territorialidad de la comunicatividad, la Mercury la monitorea tan pero tan bien que el espectáculo no llega a tener fisuras ni decaimientos.
Todo es para arriba sin llegar a estridencias inútiles, descartables. Ni tampoco hay ambiciones mayores, porque la Mercury conoce sus limitaciones: hay una espléndida cantante allí hoy con gran oficio y un puñado de canciones que fueron hits y otras mucho más recientes que son receta, pero que están impecablemente gestionadas en vivo con ese calor rítmico brasileño que literalmente imanta y te invita a mover la cabeza y, si el espectador es más audaz, atreverse a corear e incluso a bailar.
Grato concierto en el arranque de la temporada estival puntaesteña.
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