Otros rumbos. Nuevo filme de Woody Allen en clave de tragedia

El sueño de Casandra, crimen y castigo en la Gran Bretaña

Lejos de sus inicios desbordantes de comicidad, buena parte del reciente material alleniano viene trabajando otros resortes del alma humana como, en este caso, lo relativo al tema de la culpa (como en «Crimen y castigo»).

En esta ocasión, dos hermanos (Colin Farrel y Ewan Mc Gregor) se meten en problemas de dinero y deciden pedir ayuda a un tío millonario que condiciona dicho apoyo a cambio de un pedido totalmente fuera de la ley, que implica eliminar a cierto testigo molesto que puede ocasionar la bancarrota y la cárcel.

La película tiene cierta esencia similar a la de «Un plan sencillo», de Sam Raimi, donde una importante cifra de dinero tentaba a los pacíficos habitantes de una región montañosa, enfrentándolos unos con otros. Aquí, el contexto cambia pero la ambición continúa inalterable y genera un descalabro familiar sin retorno.

No es una de las obras mayores de Allen ­cabe aclararlo desde el principio­ pero continúa teniendo esa refinada dosis de inteligencia como para convocar al público e internarlo de buenas a primera en esta suerte de trhiller doméstico.

Aquí y allá aparecen esos chispazos de diálogo que logran la frase justa y una gradación bien dosificada que va mostrando el proceso de dos muchachos que oscilan entre el mundo de las apariencias y el juego a la vez que se endeudan para comprar un velero de segunda mano (cuyo nombre da título al largometraje) con el que salen a navegar con sus sueños a bordo.

No es casual la alusión mitológica de Casandra (y no es la primera vez que Woody Allen utiliza estos parámetros a modo de referencia) ya que el personaje en cuestión poseía el don profético pero no el de la persuasión, por lo que nadie creía lo que vaticinaba.

Algo de eso aparece en la obra, un «destino» tan previsible como inevitable surge, desde un primer momento, en «El sueño de Cassandra».

Ese desastre que se ve venir, una suerte de catástrofe anticipada (que no es la moira trágica sino que responde a las decisiones que los personajes toman) parece ser ignorada por todos hasta que dicha calamidad adquiere ribetes shakesperianos y el desenlace, casi abrupto, cae como una ráfaga helada sobre los protagonistas.

Si no fuera por esa capacidad magistral el cineasta tiene para elaborar sus libretos, en manos de otro director, la película apenas superaría una calificación atendible.

En este caso, a pesar de no ser una producción relevante, el conjunto logra un nivel respetable aunque no agregue mayor cosa a la obra ya desarrollada con anterioridad. (Si vamos al caso, «Match point» se juega al mismo asunto con un logro superlativo que, en esta ocasión, apenas se vislumbra).

Es un Allen, de todos modos y ninguno de sus seguidores podrá decir que salió defraudado. Vale.

«El sueño de Casandra» («Cassandra dream´s» Estados Unidos / Inglaterra; 2007). Escrita y dirigida por Woody Allen. Producción: Letty Aronson, Stephen Tenenbaum, y Gareth Wiley. Producción ejecutiva: Vincent Maraval, Brahim Chioua y Daniel Wuhrmann. Director de fotografía: Vilmos Zsigmond. Edición: Alisa Lepselter. Con Colin Farrel, Ewan Mc Gregor, Tom Wilkinson, Hayley Atwell y Phil Davis.

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