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PRESENTANDO LIBRO SOBRE EVO MORALES

­¿Cómo surgió la idea de tu libro «Jefazo» sobre Evo Morales?

­Conocí a Evo Morales en el 95 y, en los diez años que corrieron hasta que se convirtió en presidente, lo entrevisté varias veces. Cuando fue electo le propuse continuar la experiencia teniendo un lugar casi de testigo de su gestión y aceptó. Pude estar en reuniones de gabinete, en encuentros con Chávez, Kadafi, Clinton, etcétera. Ver la cotidianidad de un presidente. Siempre trabajé como periodista político, pero las reuniones de gabinete las tenía que reconstruir a través de testigos, nunca directamente.

 

­¿Qué te llamó la atención de él?

­Una de las cosas que más me inpresionó fue que las situaciones de austeridad y precariedad que yo había visto de Evo como dirigente sindical se repitieron casi exactamente en la Presidencia. Una vez fuimos a Nigeria, éramos seis, Evo, el ministro de la Presidencia, los custodios y yo, le otorgaron la suite presidencial y él propuso, para ahorrar, que nos quedáramos todos en la misma habitación. Esto se repetía todo el tiempo. Evo cree que la vida del presidente debe ser igual a la que tenía antes de serlo. Obviamente ahora tiene muchas responsabilidades y está bajo una gran presión; su vida cambió. Pero toda esa relación con la austeridad se mentiene. Se levanta a las 4.00 de la mañana, comienza su agenda a las 5.00, y se acuesta a la medianoche los 365 días del año. Tiene esa idea del presidente que se dedica a tiempo completo.

 

­¿Cómo fue tu trato con Evo?

­Mi trato con él fue muy informal, pero en las reuniones siempre lo trataba de usted, con mucho respeto.

 

­¿Qué rasgo positivo destaca de él?

­Muchos, me parece que él tenía un discurso radical de cambio antes de ser presidente, y ahora no sólo lo repite, sino que lo ha transformado en hechos. Es consecuente, pragmático.

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