"El nido vacío": sutil metáfora sobre el transcurrir de la vida
Alguna prensa ha calificado a «El nido vacío» como una comedia dramática, intentado encasillar la producción dentro de un rubro que pueda ser ubicable en la oferta de la cartelera cinematográfica.
Sin embargo, no habría nada más alejado de la standarización propuesta que esta singular peripecia de un matrimonio que experimenta una especie de desmantelamiento (real o imaginario) en su estructura familiar cuando sus hijos toman por caminos autónomos. Burman se juega a una radiografía del mundo interior de sus personajes (focalizándose, sobre todo en el rol interpretado por Oscar Martínez, un excelente intérprete) que intentan reencontrarse con sueños perdidos y el sentido de esa vida que a cada uno de nosotros nos ha tocado en suerte.
Todo impresiona como normal; un mundo corriente y sin sorpresas que, a pesar de todo, siempre guarda cierta tensión y alguna carta en la manga para con el ciudadano de a pie. Como si Burman intentara establecer una tregua en la rutina acelerada de todos los días y establecer un espacio de reflexión (la misma instancia que necesitaban los personajes de «Derecho de familia» y «El abrazo partido», por ejemplo), el filme se toma su tiempo para recorrer estados de ánimo que muchas veces no logran ser transferidos a la palabra.
De esta manera, también la pareja matrimonial parece tomar diferentes formas de afrontar una etapa nueva en sus existencias frente a una mujer (Cecilia Roth) que retoma sus estudios universitarios mientras el hombre, que ya posee cierta fama como escritor y dramaturgo, no logra acomodarse totalmente a la situación. Pero no todo es así de «simple»; en el cruce de estos cambios también surgen las contradicciones propias del ser humano, el retorno a ciertas actividades (o estados de conducta) que habían quedado relativamente sepultadas y un spleen difícil de explicar pero que la versatilidad de Oscar Martínez resume admirablemente en cada gesto.
En los ideogramas chinos, la imagen de crisis también significa cambio y es muy posible que ese concepto se encuentre plenamente instalado como tópico central del largometraje. Esa oportunidad diferente que interrumpe de pronto y descoloca es como la esencia de «El nido vacío». Una manera poética de recordar que la existencia continúa en medio de las dudas, pasiones, inseguridades y temores de cada ser humano.
Para redondear estas ideas, Burman (re)construye un modelo familiar subrayando la óptica del marido (que todo lo observa, desde su mujer hasta los nuevos paisajes que lo hacen sentir decontextualizado) y dejando que el espectador saque sus propias conclusiones Es una película importante, sin dudas.
(El nido vacío (Argentina; 2008). Dirigida por Daniel Burman. Producida por Diego Dubcovsky y Daniel Burman. Escrita por Daniel Burman. Colaboración autoral Daniel Hendler. Producción Ejecutiva Sebastián Ponce. Coproductores José María Morales /Amadeo Pagani y Marc Sillam. Director de Fotografía y Cámara Hugo Colace (A.D.F.). Directora de Arte Aili Chen Montaje Alejandro Brodersohn. Vestuario Roberta Pesci. Música Original Nicolás Cota Canciones de César Lerner Jorge Drexler. Dirección de Sonido Juan Ferro. Maquillaje y Peinado Araceli Farace. Con Oscar Martínez Cecilia Roth, Arturo Gotees, Inés Efron, Jean Pierre Noher, Ron Richter Osmar Núñez, Eugenia Capizzano, Fabián Arenillas, Roxana Berco, Ana Padilla, Nora Zinzky, Alejandro Polledo y Angela Ragno.
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