En escena. Maravillas del medio pelo y del lumpenaje

Los que ríen los últimos, por La Zaranda, en el Teatro Solís

Sus excesos con el alcohol etílico son contados, tan invariables como lamentablemente, como una hazaña; sus avances sexuales hacia las mujeres hermosas que se crucen en su camino, a veces incómodos, suscitan no un rechazo frontal, sino viva admiración en gente de teatro.

Han hecho el mismo teatro desde que Rubén Castillo (a quien dedican el espectáculo) tuvo la desafortunada idea de «descubrirlos» y de invitarlos a una Muestra de Teatro en Montevideo; luego por ese efecto dominó, o de rebote, esa ley de los festivales de teatro que dice: «Si lo invitaron al festival de Bogotá (o de Buenos Aires, o de Porto Alegre, o de Cádiz) por algo será; será invitado también aquí… nos falta algo de España». Quizás los programadores ven diez minutos de un video de La Zaranda (el tiempo no da para más): no entienden nada, pero eso lo ven como una buena muestra. Hay seres desgarbados, hirsutos y desharrapados, que apenas hablan, que si hablan lo hacen con grandes voces y roncos gruñidos. Parece, sólo «parece», a la vez original y algo, un poquito, conocido… suena a Bergman, a Beckett, al maravilloso mundo del circo, a soledad, a marginación. A todos los grandes espantapájaros. Y ya está la invitación, que reiniciará el mismo ciclo.

Podemos demostrarlo con la transcripción de una nota nuestra de 1996, acerca del estreno, por La Zaranda de «Obra póstuma», nota que calza perfecto, aquí, como comentario de «Los que ríen los últimos»: «Cuando se expulsa al «teatro de texto» por la puerta, es seguro que entre un mal texto por la ventana; el dialogado, si así puede llamársele, consiste en repetir tres o cuatro veces en forma harto rotunda las mismas palabras… (como) ‘La idea’, ‘¿Dónde estamos? ¡Aquí!’ ‘¡Traeme agua!» o ‘Ya ha llegado la hora de acabar el camino’. Si el lector quiere encontrar profundidad en esto, es muy dueño; si le agrada la música estridente, sea feliz». Debemos agregar, como novedad de «Los que ríen los últimos» esta joya: «Entre día y día, están los sueños»; y recordar, como el voto que el alma pronuncia, como síntesis, esta insistida frase de «Obra póstuma»: «¡Jesús, qué aburrimiento! ¡Jesús, qué aburrimiento!». ¿Debemos agregar que el programa de mano de «Los que ríen los últimos» es lujoso? Seguramente ya lo había adivinado el lector.

 

LOS QUE RIEN LOS ULTIMOS, por La Zaranda, con Gaspar Campuzano, Francisco Sánchez y Enrique Bustos. Textos e iluminación de Eusebio Calonge, espacio escénico y dirección de Paco de la Zaranda. Estreno del 23 de julio, Teatro Solís.

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