Un tren detenido casi al partir
Para ser fecundas y no quedarse en borradores y zurcidos, deben ser puestas a prueba, examinadas, analizadas y, las más de las veces, reprobadas y descartadas.
El programa de mano adelanta este defecto. «10 estaciones…» no se atribuye a ningún autor: adjudica los «textos» a Ximena Granero y Adrián Rodríguez, «sobre idea» de Ximena Granero».
La «idea», que debe ser una mezcla del enigmático e irrelevante baúl con el cardenal liberado de su jaula (pero retornado a casa, en escena «tierna» al final), no es un hallazgo; las idas y venidas, no muy claras aunque adornada de una sobreimpuesta simetría, de la pareja protagónica, recorren con aplomo el territorio de los lugares comunes.
El público aplaudió a destiempo, porque «10 estaciones y un día» puede, luego de la primera mitad, concluir en cualquier parte.
Y sin embargo quedó en la atmósfera, apagadas las luces, una hálito de gracia, de sentido del misterio, de delicadeza sentimental, de grata juventud.
Quizás faltó mucho, sobre todo mucho trabajo, para llegar al arte; quizás los autores se conformaron con muy poco; pero la dirección emprendida era la correcta.
Fue una lástima.
10 ESTACIONES Y UN DIA, textos de Ximena Granero y Adrián Rodríguez sobre idea de Ximena Granero, dramaturgia de Marcel Sawchik con Ximena Granero y Adrián Rodríguez. Escenografía de Julio Tabárez, vestuario de Adriana Ardoguein, música de Adrián Preza, selección musical de Marcel Sawchik y Eduardo Montero, dirección de Marcel Sawchik. En la Casa de los Siete Vientos.
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