DIAS ZAFRALES
Son una trampa pero se cae con plena aceptación. Los días comerciales, aquellos agregados a los que ya están en el almanaque como la Navidad y los Reyes, o sea las madres, los padres, los abuelos, los hijos, los novios, las secretarias, los altos, los petisos, los flacos y los obesos, los jueves del Centro o de 8 de Octubre, los sin IVA, los 29 de los ñoquis, son creaciones con las que los comerciantes procuran movilizar a los sufridos consumidores.
Este pasado domingo le tocó a los padres y hubo, por lo menos en los lugares recorridos, suficiente movimiento para alegrar la sangre de los viejos.
Es, asimismo, tiempo zafral para los ingenios publicitarios que descargan todas sus ideas procurando atrapar a hijos que no se preocupan mucho de saber qué puede querer papá.
La mayor guerra estuvo en las ofertas de teléfonos celulares. Una de las producciones destacables fue la de Movistar. Estuvo en la continuación de otro comercial destinado a las madres, el de los hermanitos que siendo mellizos–así parecen– están pensando en qué regalar. Uno de ellos hace un dibujo y el otro le sugiere que esta vez deberán mejorar, esforzarse más, ya que ella, la madre, está embarazada y parece que es una nena, lo que motiva la bronca de los gurises, por esa intromisión inesperada. En este caso se ve al padre lavando su auto, a los niños con su dibujo y a la misma duda, ya que de perfil el padre está muy panzón y apoya su mano izquierda en esa zona, lo que genera otra reacción porque también estaría embarazado y sería una niña. Los dos chiquitines muestran su descontento ante esa invasión que ya sería doble.
Está bien filmado, los niños están simpaticones, todo está a la orden para hacer del producto una inquietante emoción.
Otra empresa de celulares, Claro, apeló al humor de hijos que se quedan sin su padre por una semana. El muchacho para disfrutar del auto, la hija para quedarse sola todo ese tiempo mientras el veterano anda disfrutando de Shanghai.
Ancel, por su parte, también nos trajo a un padre con siete hijas y todos los desgraciados entuertos que debe soportar, desde los pijamas party, las minifaldas cortitas, los novios que van cambiando, que van comiéndose todo, quitándole el control remoto y otras canalladas pero que pueden generar un premio para que «el viejo» pueda estar en todos los partidos de fútbol.
Multiahorro también fue más allá de las simples ofertas de los grandes supermercados. Creó una serie de tres comerciales, uno aceptable, los otros ya no tanto. El hijo jugando al futbol que le pega con la pelota al padre fue el mejor. Luego el del muchacho mostrando el cartel callejero y la hija exhibiendo su tatuaje no causan similar golpe, aunque el premio de la empresa fuera uno de los más importantes para los padres, el viaje a cualquier parte del mundo.
Dejando al Día del Padre pero continuando con la publicidad, uno de los golpes más efectivos en cuanto a recordación es el del muchacho que prepara cafés capuchinos de La Virginia y lo hace en un tazón enorme, con el que se queda él, y le da en taza común a su amigo de visita, con la sorpresa de éste y ante el reproche, la serie de preguntas y respuestas de «¿Y tú que harías?», «Me quedaría con el más chico» y «Ahí lo tenés». La continuación es también disfrutable, cuando prepara cafés en tazones grandes, pero el que le corresponde es mucho más grande. No llega a similar nivel el referido a los té de esa marca.
No nos gusta el de los chicles Topline. Se recurre a inventar a un supuesto famoso roquero, Gary Geller, que es un fulano común salido de un casting, y se intenta trabajar la idea del ídolo que comparte esos masticables. El comercial donde está rodeado de muchachas hermosas y al simple «botón» del hotel que le pide un autógrafo
termina regalándole un chicle que está masticando y el buen muchacho llora emocionado. Es un golpe bajo, menospreciativo, denigrante, humillante de la condición humana.
Hay más avisos malos en la tele abierta. Por cable hay una serie que cambia los papeles ya eternos, los de la asimilación de los automóviles a la masculinidad. Ford se atrevió a quebrar una lanza a favor de las mujeres que manejan y tienen tanto o más derecho que los hombres a andar con su cuatro ruedas, a ser independientes. Es un reconocimiento tardío pero muy válido sobre ese relacionamiento hombre-auto que ya está pasado de moda.
En otro tiempo la seguiremos.
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