Recordar, renovándose, es vivir
El creador de la puesta en escena, el escenógrafo Claudio Segovia (Buenos Aires, 1933) invitado especialmente por Patalano, requirió transformar radicalmente la planta escénica del viejo teatro para las novísimas escenografías necesarias para originales y audaces escenas, y las obras se demoraron más allá de la fecha aniversario.
La puesta en escena de Segovia es una demostración de buen gusto, sensibilidad para el hecho teatral y auténtico sentido artístico. No muestra ningún lujo, y aún la iluminación parece modesta, por lo servicial; nada de luces robóticas o negras, nada de rayos láser, efectos de boîtes o night clubs. Los fondos luminosos son sobrios, uniformes, porque el protagonista es quien está al frente: así los números a cargo de Antonio Gasalla presentan al artista sobriamente vestido con sus trajes negros, o con los harapos de Mamá Cora o Soledad, sobre un fondo negro y Cecilia Rossetto no tuvo, porque no necesita ninguna otra cosa, nada más que un micrófono, un grueso telón rojo por detrás y un foco de luz, un seguidor, que la acompañó a lo largo del proscenio.
Un segundo capítulo de méritos para Segovia fue la brevedad de las escenas y la rapidez, con lo que impidió un solo minuto de distracción o aburrimiento. No bien concluía una escena, comenzaba la siguiente, que se armaba a velocidad y se resolvía sin ninguna de las reiteraciones que eran comunes en la vieja revista.
Un tercer mérito, no fue menos valioso por ser un mérito, en parte, de omisión: nada de esquicios pretendidamente cómicos, nada de los chistes sucios que nos propinaron, ad nauseam, Marrone, Tristán, Olmedo, Porcel, Portales; todo ese relleno viejo, que no pudo adornarse con la pátina respetable del tiempo y así alcanzar lo antiguo. Estamos diciendo del buen gusto de la creación de Segovia, mérito poco frecuente en las revistas de antaño.
La idea era reunir un homenaje a ese viejo teatro Maipo de las revistas con el arte y los medios de hoy, el todo con una visión moderna, entre crítica, tierna y piadosa, de los espectáculos de ayer. Claudia Fernández y Ximena Capristo hicieron recordar, inevitablemente, a las grandes vedettes de otrora, las dos Nélidas, Nélida Lobato y Nélida Roca, a Norma Pons… Aquí Segovia se superó a sí mismo, porque logró dar novedad a desfiles y pasarelas, sobre todo con la originalidad de las plumas de Marcelo Péndola, tocados que, aunque parezca increíble, se distinguieron de todas las anteriores que hemos visto.
Naturalmente, en un espectáculo en que debía haber un poco de todo hubo gran variedad de aciertos. Escenas de ballet clásico, en donde pudo existir el toque de Julio Bocca, como el esquicio de Pierrot, Arlequín y Colombina y algunos logrados números de bailes tropicales se lucieron en lo musical y coreográfico; Cecilia Rossetto, que cantó, entretuvo, platicó e interactuó con el público, dio lo mejor de sí misma, que es mucho y bueno, con una gracia y una seguridad inimitables. Los gemelos Lombard deslumbraron con su habilidad para el tap; pero las mayores ovaciones de la noche fueron para Antonio Gasalla, como nunca feliz, lúcido, inventivo, chispeante y devastadoramente crítico en su monólogo, que es siempre lo mejor.
MAIPO SIEMPRE MAIPO, un espectáculo de Claudio Segovia, con Antonio Gasalla, Claudia Fernández, Ximena Capristo, Cecilia Rossetto, Los gemelos Lombard, coreografías de Carla Noval, Margarita Fernández y Laura Roatta, 20 bailarines, orquesta en vivo de 12 músicos, arreglos y dirección musical de Mike Ribas. En teatro Maipú, Esmeralda 443 Buenos Aires.
Compartí tu opinión con toda la comunidad