Exploración. Luego de Hitler y Lenin, el director ruso se centra en el emperador Hirohito

Cinemateca 18 estrenará "El sol", último filme de Aleksandr Sokurov

El autor de «Madre e hijo» y «El arca rusa» reaparece con un filme intimista, ceñido, casi minimalista, un retrato creativo e inédito del más ignorado de los protagonistas políticos del siglo XX: el emperador japonés Hirohito.

El sol es la más reciente entrega del director Sokurov acerca de diversas figuras de primera línea de la historia política del siglo XX.

Esta vez se trata del emperador Hirohito, que dejó de ser un dios luego del bombardeo atómico norteamericano a Hiroshima y Nagasaki. Desde el título, el filme juega con una paradoja: remite al Imperio del Sol Naciente, pero su luz es la del ocaso.

Muy al principio, resulta claro que Hirohito ha tomado conciencia de la pérdida de su divinidad: «Mi cuerpo es igual al de todos los japoneses», le dice el emperador a uno de sus asesores.

Desde las ruinas de Tokio, Hirohito se consuela escribiéndole a su hijo una carta caligrafiada y dando rienda suelta a su pasión por la biología, diseccionando un cangrejo cuyo caparazón le recuerda la máscara de un samurai, tal como se representa en el teatro kabuki.

El Hirohito de Sokurov no se ubica en el centro de la Gran Historia, sino en su entrelínea: la de la cotidianidad, la constatación del paso del tiempo, la vida privada. También, acaso, en el de la vanidad del poder.

El propio Sokurov ha reconocido que Hitler, Lenin e Hirohito constituyen tres figuras distintas enfrentadas a diferentes situaciones trágicas, agregando que las suyas no son «películas sobre dictadores», sino sobre gente que alcanza el poder absoluto, pero cuyas pasiones y fragilidades humanas afectan más sus decisiones que las mismas circunstancias.

A su juicio, el emperador japonés es un símbolo de un final constructivo, o más exactamente no se trata de un final sino de una continuación, la de la vida. El propio cineasta sostiene que no fue «un dios de la guerra sediento de sangre», y que en último término prefirió salvar vidas humanas antes que el orgullo nacional. Sokurov redondea la idea: «Ese fue su legado y el de aquellos políticos norteamericanos que pudieron comprender y apreciar su posición».

A lo largo de su obra, Sokurov ha mostrado una fascinación por el tema del poder, desde «Elegía soviética» (1989), que era un desfile de retratos oficiales, pintados al óleo, de los distintos líderes soviéticos que se sucedieron en el poder antes de Gorbachov, hasta «El arca rusa», que ha podido ser leída como un réquiem a la materialización misma del poder: el palacio real de San Petersburgo. La muerte («Madre e hijo» ) y el Japón («Una vida humilde») también son parte esencial de sus obsesiones como cineasta. Todas ellas confluyen en «El sol».

Hay una novedad, sin embargo, en este Sokurov, y es un atisbo de humor en un cineasta particularmente grave. Aprovechando una magnífica composición de Issey Ogata como Hirohito, el director ruso encuentra una rara afinidad entre su figura y la de Charles Chaplin, a quien el emperador aparentemente admiraba. Es apenas un momento fugaz, pero la deidad imperial, desprovista de sus atributos de mando y convertida finalmente en un japonés como tantos, adquiere de pronto una cualidad humana, casi chaplinesca.

La película se exhibirá del 15 al 23 de julio en Cinemateca 18 (18 de Julio 1280). Las entradas para no socios cuestan $ 85, los socios de Cinemateca no pagan entrada. El lunes, día de descanso de la sala, no hay función.

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