Alejandra Guzzo: la cinematografía como un testimonio de la realidad
Alejandra Guzzo es una uruguaya nacida en Juan Lacaze y lo dice «porque por ahí se anda comentando que soy porteña. Me fui a Buenos Aires a buscar trabajo en el año 92. Pero de todas maneras siempre he estado bastante en contacto con toda la realidad de acá, con todo lo que va sucediendo», explicó.
«Allá empecé a estudiar cine, medio de casualidad, porque no era el proyecto de mi vida. Después me dediqué al cine documental, que tampoco era mi proyecto, y así surgió el Cine Insurgente que fue en el año 98, así que en octubre de este año estamos cumpliendo diez años con el grupo de cine documental».
Respecto a las motivaciones que le llevaron a plasmar este proyecto de cine testimonial, la cineasta compatriota dijo que «lo que nos motivó a todos los que estábamos nucleados alrededor de eso era lo que nos tocó vivir muy de cerca, al menemismo, y toda la caída esa brutal que se dio en la Argentina. Eramos un grupo de gente que más o menos teníamos expectativas de otras cosas que no fueran la propuesta consumista y neoliberal que atravesaba todo. En relación a lo que hacíamos, yo creo que había mucho predominio de la ficción y del artificio por el artificio mismo, si en era una reflexión. Ahí empezamos a descubrir que existía otro tipo de cine. Argentina tiene una buena tradición documental relacionada a hacer grupos de cine, no productoras, grupos de cine militantes, políticos, sociales, no necesariamente encuadrada en un partido, pero sí con la idea de producir libremente sobre las luchas que van surgiendo y eso lo empezamos a practicar en el 98 con el primer largometraje documental que se llama ‘Diablo, familia y propiedad’, que fue bien interesante, por lo menos la gente que lo ha visto lo rememora como uno de los grandes aportes a nivel de lo que es documental en los años noventa en la Argentina. Cuando vuelvo de Cuba (tuvimos oportunidad de irnos con el grupo, dos compañeros, a Cuba a trabajar a la Escuela de Cine, en San Antonio de los Baños), seguí más en el cine documental porque todo cineasta cubano primero se forma en documental, siempre filman desde la realidad y piensan esto que se empieza en la realidad y al fin y al cabo por más que vos hagas ficción terminás en la realidad».
Respecto a su trabajo en Uruguay, Guzzo afirmó que fue en ese momento en que «le propongo a mis compañeros de ver qué pasaba en el escenario concreto que había en Uruguay. Nos motivó mucho el tema de la ocupación de los cañeros en el norte uruguayo, Bella Unión y a partir de ahí surgió ‘Yo pregunto a los presentes’. Siempre nos suceden así como de casualidad, yo pregunto, me enteré por correo que estaba la ocupación, les dije a mis compañeros y a partir de allí surgió una ayuda y pudimos venir.
En el caso de «Las penas son de nosotros» presentado en este festival en Cinemateca, fue más casual todavía. Estaba pasando Navidad en Las Piedras, donde está mi compañero, y por ahí nos enteramos de que estaba el conflicto -no sólo de Las Piedras-, sino el conflicto generalizado de la carne. Nos arrimamos a ver qué pasaba con esta gente y a mí la verdad que me conmovió muchísimo porque son gentes pobres de toda pobreza, me impresionó ver gente que no conocía Montevideo y conversar con ellos en profundidad, esto es lo que permite estar horas y horas mientras el tiempo pasa, estar mientras están haciendo la comida, en la lucha. Y fue todo así también de casualidad, ni siquiera teníamos la cámara nuestra, un compañero de acá nos prestó una cámara y con la idea de hacer un corto, por lo menos un acompañamiento de lo que había sido, pero como esto se radicalizó y termina en el gran conflicto que los reunió a todos, creo que fue una victoria que tuvieron, ¿no? Lograron el aumento salarial en escala, todos los frigoríficos. Por más que en Las Piedras hay un caso muy particular, no hay un señor que la verdad que es increíble tiene un manejo casi medieval con los trabajadores.
Y entonces decide -plenamente amparado en la represión sindical- en echar a 82 trabajadores porque habían participado en el conflicto. A partir de ahí ya se fue transformando en un largometraje, por eso un poco lo estábamos divulgando como una película en proceso.
Porque no fue la intención nuestra hacer un largo, era hacer un corto para decir bueno, ya que nadie había venido por acá y a ellos les queda de recuerdo, y se fue agrandando porque se fue agrandando la lucha de ellos; yo creo que eso es bastante coherente con el trabajo que hacemos, ¿no?».
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