Opinión. "Lo mejor que tiene la obra es un efecto hipnótico, muy perceptible

Exterminio: un nuevo estreno en el teatro Circular de Montevideo

¿Misterio? ¿Intriga? ¿Suspenso? Nada de eso; sólo uno de los muchos ucases del autor, que nunca explicará el enigma. Nunca explicará nada, creando primero el desconcierto y muy pronto el desinterés del espectador. Aparecen unos actores que, vestidos de gris, deberán integrarse, no como actores sino como becarios, a una vaga pero muy importante creación. ¡No hay novedades! ¡Nada nuevo bajo el sol! Otra vez nuestro viejo y gastado teatro dentro del teatro. Hasta aparece la pelota de tennis de «Berlín». Los presentadores tienen aire de guardias de campos de concentración: cejas, narices y mandíbulas levantadas; maltrato a los actores con frases cortantes, exabruptos y sentencias tan enigmáticas como irrelevantes. En toda la obra el autor enturbia sus aguas y las cree profundas, toma a sus caprichos por riqueza y libertad, a su confuso psiqueo lo ve como maravillosa fantasía.

El teatro, donde están los actores – becarios, es la sala 1 del Circular; suceden cosas que parecen extrañas pero al cabo de un buen rato y mucha cháchara no lo son, como una actriz que sale o quiere salir de la escena, y nadie la encuentra, y está desaparecida, qué inquietud, qué suspenso, pero no, estaba en el toilette.

Algunos actores mueren, o no mueren, o parece que mueren; todos cantan, de pronto, como en las óperas, para sorpresa o molestia de los espectadores, porque cantan mal, y nunca se sabrá por qué cantan; hay escenas «audaces» que a nada conducen; la acción, si así puede llamársela, avanza como a empujones, según caprichos, con sacudidas y a impulsos de veleidades, mediante un diluvio de palabras, pautadas a veces por la enérgica música con que Leirós parece querer poner algo de orden, o tan siquiera de ritmo y energía. Creemos que, o bien poco o nada sucede, o bien suceden tantas cosas heterogéneas que la memoria se niega, para conservar su paz, a registrar todos los cabos sueltos, todos los conatos de escenas, siempre mal resueltas o no resueltas, los muchos amagos, que van de poco a nada, las insinuaciones que no interesan, los anuncios inútiles, las proclamas obvias y los muchos discursos.

Algún prospecto publicitario de «Exterminio» afirma que la obra muestra el mundo de los «reality shows» y que la obra se encuentra «en el cruce de dos lenguajes: el hiperrealismo y el realismo fantástico». No nos interesan los «reality shows», pero es claro que «Exterminio» no pertenece a la categoría; y es claro que tampoco la describe ni la enjuicia, lo que debería suceder con el necesario destaque del o los negocios que involucran estos shows, y, sobre todo, la disfrutada degradación mutua, de «actores» y espectadores.

Demás está decir que no hay personajes, que se distingan unos de otros, o de sí mismos, y que todo sucede en un mundo con tan pocas conexiones con el Uruguay, de ayer o de hoy, como con Sarajevo, Groenlandia, Berlín o el puente sobre el río Drina. Como en «Sarajevo esquina Montevideo», como en «Groenlandia», como en «Berlín», el autor quiere impresionarnos con su audacia, sus imaginarios saltos en el vacío; pero lo mejor que tiene «Exterminio» es un efecto hipnótico, muy perceptible; curiosamente todos los dormidos despertaron y aplaudieron como el mejor cuando llegó el final. Sin duda, «Exterminio» es mejor que el Rivotril.

 

EXTERMINIO, de Gabriel Peveroni, con Dinorah Peyrou, Gustavo Bianchi, Emiliano Russo, Laura de los Santos, Leticia Cacciatori, Martín Castro, Elena Saavedra y Javier Mas. Escenografía e iluminación de Alvaro Bonaglia y Pablo Caballero, realización audiovisual de Julio Porley, vestuario de Ana González, ambientación sonora de Alfredo Leirós, dirección general de María Dodera. Estreno del 4 de julio en Teatro Circular, sala 1.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje