Bienal de Venecia, la más famosa del mundo
Nelson Di Maggio
Szeemann, posiblemente el crítico y curador más importante de la actualidad, organizará los 12 mil metros cuadrados del Pabellón de Italia, en los Jardines Públicos y los Pabellones del Arsenal situados en la proximidad (una serie de monumentales edificios antiguos reciclados), una platea de la humanidad, un lugar donde se mira y se es mirado, como sujeto y objeto al mismo tiempo, pero sobre todo un lugar de acción pasiva y pasión activa, es decir, un gran espacio de encuentro entre los artistas, los críticos y el público donde los sujetos y las diversas disciplinas interactúan a favor de la fuerza propia y autónoma.
La Biennale se propone exhibir un panorama amplio de la revolución estética del siglo XX y por otro lado innova con la aproximación a los jóvenes creadores provenientes de los cinco continentes. El núcleo fundamental será en torno al Teatro alla Tese, donde convivirán el cine, el teatro, la danza, la música, poniendo de manifiesto que el anhelo de la obra total no quede en una utopía.
Los creadores convocados son tres. Joseph Beuys (1921-1986), la personalidad más influyente luego de Picasso y Marcel Duchamp, Richard Serra (San Francisco, 1939), un escultor que emplea monumentales planchas de acero en la intervención de espacios públicos y Cy Twombly (Virginia, 1929), muy conocido como pintor pero también un escultor de enorme inventiva como lo demostró en la reciente y estupenda retrospectiva realizada en el Museo de Bellas Artes de Basilea durante el verano europeo.
Venecia fue pintada por infinitos artistas de numerosos países (incluso los uruguayos Pedro Figari y José Cúneo) a lo largo de varios siglos.
Los escritores no se quedaron atrás. Charles Dickens sentenció que la ciudad excede el territorio del sueño más extravagante, atrapó a Marcel Proust, Thomas Mann (y Lucchino Visconti) la utilizó como tema para su gran novela, Henry James la describió con minucia de entomólogo, Jorge Luis Borges la definió «como la Venecia de cristal y de crepúsculo», para Jean Paul Sartre es un teatro flotante, Paul Morandque descubrió, agudamente, numerosas venecias, «es el decorado de final para la gran ópera, que es la vida de un artista».
Joseph Brodsky le arrancó su especificidad más entrañable. Muchos de ellos se encontraron, qué duda cabe, en el Café Quadri y el Florian en el majestuoso escenario de la Plaza San Marcos.
Unos días más tarde, entre el 13 y el 18 de junio, la 32ª Feria de Arte de Basilea, la más importante y exigente de todas, calificada como el «Olimpo del arte» pues reúne lo más selecto de lo que sucede en la actualidad, combinando las necesidades comerciales con el riesgo estético más insólito en un ámbito de imbatible funcionalismo.
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