Neuronas y neurosis

MIRTHITIS AGUDA

«Yo no soy cantor letrao;

mas si me pongo a cantar,

no tengo cuándo acabar

y me envejezco cantando:

las coplas me van brotando

como agua de manantial»

Al compás de la vihuela, un canal uruguayo creyó que la trasmisión de los Martín Fierro, de los periodistas argentinos sobre televisión y radio, merecía la salida al aire en directo. Quizás por lo que decíamos antes, lo de «la argentinización» de nuestras producciones. Hay que ser muy memorioso, no recuerdo cuando se emitió un Florencio en vivo o algún Tabaré por los canales de televisión abierta privados.

Más que una fiesta de talentos pareció una guerra mediática sobre quien puede más, quien habla más, quien gana más. Dio la impresión de que casi todos estaban peleados con los otros casi todos.

Teledoce, que dedicó su tiempo a la nadería argentina retrasmitiendo a Canal América, llenó sus largas horas con premios a todo, casi hasta un Martín Fierro a quien abría la puerta en los medios de comunicación. Fueron muchos, demasiados. Algunos merecidos, otros de puro relleno.

El gran espectáculo fue dado por Mirtha Legrand, «Chiquita», que parece decidida a palabrear en solitario, en su divismo, porque poco o nada dejó a su compañero en la conducción, Guillermo Andino, sin posibilidades de decir algo, porque siempre ella tenía la última palabra. Por suerte, tuvo un par de momentos de lucidez y se fue a cambiar de vestidos, lo que permitió al muchacho dirigir con cierta soltura y calma, momentos de la larga tortura.

Algunos quizás se preguntan porque Mirtha nunca paró de hablar a extremos que llegó a decir cual era su nombre real, Rosa María Juana Martínez Suárez, sin confesar, no aflojó, cuantos años tiene. En realidad, siempre los oculta aunque en el «Diccionario de Actrices del Cine Argentino» pueda darse una pista bastante cercana cuando dice que «a los 14 años tiene su gran oportunidad con Los martes orquídeas. Eso ya tenía un antecedente un año antes, ­¿tendría 13?­ en Hay que educar a Niní. Y este filme era de 1940, o sea que calculadora en mano, eso nos lleva a que nació en 1927, o sea, que está con 81 años encima. No los parece por tantos «estires». Quizás sí por su convicción de que el mundo es suyo y todo debe girar por ella.

La ceremonia fue pobretona. Aburrida para los de este lado del río. Pero había tenido una previa bastante caliente cuando se manejaba la posibilidad de las presiones de los canales sobre los jurados votantes y los intentos de Marcelo Tinelli o de sus secuaces, en este caso Jorge Lafauci, el malo de Videomatch en Bailando por un Sueño, quien había gastado mucho su teclear mandando mails a todos los que decidían sugiriendo que votasen a Marcelo como mejor programa y parece que la jugada le salió al revés porque algunos votantes no lo hicieron por lo que estimaron era un tipo de ilegítima presión

No le sirvió, entonces. Aunque Tinelli igual se llevó tres estatuillas. Una por ser dueño de Radio Del Plata, donde quienes ganaron fueron los conductores de su informativo principal, hombre y mujer que vieron como Marcelo se les aparecía corriendo y no dejándoles agradecer sino que lo hizo él mismo mientras Mirtha ponía una de sus graciosas sequedades de «Vio que debía venir», como justificación, otra razón, para la presencia de Tinelli que había perdido muchos Fierros y que no iba a estar presente hasta que, sin duda, le adelantasen que iba a ganar algún premio porque corrieron la noche de la entrega a miércoles, día en los que no está ante cámaras.

No se sonría. Ganó otros dos, uno al mejor «reality», aunque con la soberbia en sus palabras afirmó que era la primera vez que se enteraba que Videomatch era un «reality». Claro que al final, la gran ganadora fue Lalola, lo que también pauta el mal momento que pasa la tele argentina. Una comediola, que está bien armadita, simpaticona, es cierto, pero no mucho más, como para ser elegida con el Oro como mejor programa.

Pero hay que volver al principio a Mirtha. Le pisó todo lo que decía Andino, se matraqueó en cada cosa, «yo lo he ganado», «este vestido es de fulano», habló mientras ganadores pretendían agradecer su premio y tantos dislates que son imposibles de sostener, como su bombo por «estar en el libro de Guinness» por tantos años de almuerzos y cenas.

De acuerdo a lo que se leyó en Clarín, varias horas después, cuando se acabó el vino, que tuvo varios excedidos en su alcoholemia, «Mirtha despidió a los asistentes y, final o milagrosamente, se calló». Su silenció, por supuesto, se cortó al otro día, pero eso ya no lo sufrimos.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje