Un acto de comunión, de Lautaro Vilo, en el Teatro Circular
Es el diferente en relación a los de su generación y un verdadero talento.
Tiene una mirada transversal sobre el teatro, un pensamiento teatral genuino y una actitud política y artística diferente. No entra dentro de las leyes de mercado ni tiene los tics de la nueva dramaturgia. Se mete con temas difíciles. Piensa el teatro de otra manera».
La pieza es original y se dirige a un gran tema, que anunció «Closer» de Patrick Marber: el efecto sobre las relaciones humanas de los medios electrónicos de comunicación correo, chat, videoconferencia- más el impacto de los sitios Web» sobre intercambios personales, encuentros y experiencias, de los que esta obra da una larga lista que, si no es verdad, así lo parece.
Vilo (nacido en Buenos Aires, 1977) narra un hecho real, donde la perversión también fue patrimonio de la «víctima» El alemán Armin Meiwes se aficionó a sitios web sobre canibalismo; conoció a un ingeniero de Berlín, Bernd Brandes, bisexual adicto a violencia y tortura; se citaron; Meiwes pudo matarlo y devorarlo, pero lo deja ir, porque el planeado banquete con carne humana sólo tenía sentido para Meiwes con el pleno acuerdo de la víctima. Más tarde Brandes llama a Meiwes; se encuentran y luego de varias horas de conversación, Brandes pidió que se le amputase el pene para comerlo entre los dos. «Córtalo de una vez». Meiwes lo hizo, cortó el pene de Brandes, lo cocinó con aceite, ajo, sal y pimienta; Brandes cumplió su sueño, comer sus genitales. Luego Meiwes asesinó al amputado Brandes en la mesa de descuartizar y grabó todo en su cámara de video (10 de marzo de 2001; Meiwes cumple hoy una sentencia de cadena perpetua).
Desamor, soledad, visión de un mundo poco hospitalario que parece repartirse entre refugios íntimos, como extensiones del claustro materno, y lugares peligrosos, que son todo el resto. A Meiwes se le ofrecieron voluntarios, que rechazó porque los vio sin convicción. Es decir que hay hombres o mujeres que cambiarían su vida por una experiencia única (y última), dando la razón a Baudelaire cuando describe los efectos del aburrimiento: «Si la violación, el veneno, el puñal o el incendio/ no han bordado aún con sus lamentables dibujos/ el cañamazo fatal de nuestros tristes destinos/ es que nuestra alma, ay, no es lo bastante audaz».
Hasta aquí todo parece temible, ominoso, vitando. Pero en la magia de Goldstein en la dirección y de Leandro Núñez en la actuación, toda esta bolsa de horrores, todo este sapo se transforma en belleza, en una velada inolvidable. Goldstein, que hoy tiene en cartel cuatro obras («Descenso de Monte Morgan», «Amores», «I love Clint Eastwood») tiene un punto fuerte en los espectáculos mínimos; y a propósito de «Un acto de comunión» recordamos no sólo «I love Clint Eastwood», o «Hamlet García», sino también «La Navidad de Harry» (con Jorge Bolani), donde había una similar atmósfera, íntima y solitaria pero comunicativa, de un pequeño formato que implicaba grandes temas. El movimiento de los dos actores es sincronizado y armónico, con agradables contrastes de vestimenta, movimientos, gestos e iluminación y las secuencias fluyen con la misma naturalidad y coherencia que se revela muy pronto- de la corriente del pensamiento.
Ulivi da, literalmente, porque también canta, la nota justa. No es una contrafigura del protagonista, ni su consciencia, ni, menos aún, la víctima consenciente. Está allí como un espejo, como un sueño, como un reflejo; y añade así un toque onírico a una trama que apenas podríamos soportar en una pesadilla. Pero, naturalmente, la gran figura de «Un acto de comunión» es Leandro Núñez, cuya llegada al teatro deberá contar en el futuro, si los Hados nos son propicios, como uno de los grandes acontecimientos de estos comienzos de siglo. En nada parece estar Núñez por debajo de la perfección, una perfección que ha conquistado mediante un esfuerzo y una aplicación que no aparecen pero que pueden adivinarse. En cuanto a la voz, alcanza la excelencia en todo: dicción, expresión, registro, tonos, variación de volúmenes. En los gestos, es preciso y libre, cuidadoso y natural, medido y fácil; y a todo esto añade unas dotes coreográficas y acrobáticas difíciles de imitar. La cartelera de hoy tiene muy honrosos puntos altos »Las apariencias engañan», «I love Clint Eastwood», «Las relaciones de Clara», «El descenso del Monte Morgan» pero a partir de la noche del sábado pasado hay que agregar «Un acto de comunión».
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