La casualidad del bien y el mal
El realizador de la muy exitosa «Sexto sentido» posee nuevo largometraje: «El protegido», con roles protagónicos para Bruce Willis y Samuel L. Jackson. La receta del cineasta M. Night Shyamalán vuelve a ser la misma con un final que no debe relatarse a los lectores.
Nada es casual, parece ser la máxima de un cineasta como M. Night Shyamalán. El mundo está regido no precisamente por las fuerzas del azar, sino por elementos o individuos que –como el pequeño Joel Haley Osment en su personaje de El sexto sentido— evidentemente poseen un don que desarrollan sin saberlo, tal vez sin conocerlo y que está allí.
Como en el caso de David (un guardia de seguridad encarnado por Bruce Willis en su segundo protagónico para un título de Shyamalán), que un disparador lo hace despegarse y manifestarse en toda su personalidad. El agente de seguridad en El protegido es un ángel protector. Y hará su tarea, aunque habrá sorprendente vuelta de tuerca en el epílogo del metraje, lo que ya parece haberse convertido en una constante para Shyamalán aunque aquí más que una línea estilística de cierre narrativo, podría verse como un efecto menor y hasta prácticamente como un golpe bajo a los espectadores.
Claro que Shyamalán en el posible fondo de su vaso tentativamente filosófico no llega del todo a explicar los efectos de la casualidad y la de personajes como el de Willis, quien por ejemplo viaja rumbo a Filadelfia en un tren que se hará pedazos. David, su personaje, es el único sobreviviente. Más de trescientos muertos y el individuo no tuvo siquiera una magulladura. Y aun más: nunca ha estado enfermo, nunca padeció siquiera de un resfrío. ¿Qué está ocurriendo realmente?
En el otro polo aparece Elijah (el excelente Samuel L. Jackson), del cual hay un flashback donde se lo ve nacer con varias fracturas congénitas, algo tremendo, quien al enterarse del asunto del tren y de este superhéroe que logró sobrevivir, buscará contactarlo. Elijah posee una galería donde exhibe y vende comics, historietas incluso originales a las que trata con extremo cuidado y las califica de arte mayor.
El contacto inicial entre ambos personajes no llega a mayores resoluciones, aunque algo queda flotando en la mente de David y su pequeño hijo: la idea de héroe, de protector de sus semejantes. Y todo se irá potenciando, así como los incidentes en los que se verá involucrado David el protector, además de los encuentros cada vez más decisivos con un torturado, seguramente resentido Elijah (por su enfermedad en los huesos) todo, para Shyamalán, tiene una connotación, una ligazón en los «tiempos mediocres» en que nos ha tocado vivir.
Lo cierto es que el filme posee densas ambientaciones, líneas de diálogos fluidas y siempre atrapantes (lo mejor que hace Shyamalán aunque haga trampa) que juegan claramente con el hemisferio emotivo de los espectadores. Suspenso, tensión dramática, sensaciones contradictorias en el protagonista, todo envuelto formalmente en una estructura deliberada de comic (el personaje de Jackson, ya lo anotamos, posee una galería donde exhibe y vende historietas que además encaja en la noción de héroe dispuesta para el personaje de Bruce Willis).
En rigor, y pese a buenos momentos, El protegido es un bluff pese al sorprendente final que tal vez muchos adivinarán en el desarrollo del relato. Un bluff hábilmente articulado donde el superbien y el supermal, cuidado, se dan la mano como si se tratara de una historieta. Un filme que solamente pretende reflexionar sobre las casualidades de este mundo mediocre.
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