La ética de Les Luthiers
Prueban, además, que es posible convocar a un público multitudinario sin exhibir cuerpos femeninos y sin la molesta coprolalia. Es muy dudoso que estos comienzos del siglo XXI nos deparen algo similar: el espíritu de Les Luthiers no es ya finisecular sino decimonónico, cosa que para este crítico es un considerable elogio.
Esta última obra, Todo por que rías, que se divierte negando a una de las dos lecturas de su título, tiene los mismos méritos de las anteriores. Comienza con una satírica «Lo que el sheriff se contó (chistes de saloon)», donde Les Luthiers pinchan el globo del Lejano Oeste; de inmediato comienzan a intercalarse los siguientes esquicios con tres emisiones de «Radio Tertulia», donde también la sátira está en primer plano. Las «Loas al cuarto de baño» –un scherzo de Mastropiero para un trío de cámara muy íntima– permiten disfrutar de la inventiva acústica e instrumental del grupo, que no en vano se llama Les Luthiers. En «Daniel y el Señor», ópera atribuida a Camille Saint Jacques, logran una aguda parodia a varias puntas, donde no se salva ni Yahveh, autoritario pero ineficaz; el tono, no obstante, está lejos de ser irrespetuoso o inconoclasta. Pero el mejor momento, para nuestra apreciación, es «Gloria de Mastropiero», un imposible entretejido de unos tangos bosquejados por el maestro en Buenos Aires con el «Gloria» de la misa católica, cuya ejecución pública entraña la excomunión de Mastropiero. Los artistas caminan por riesgosos pretiles, pero no pierden el equilibrio; en este aspecto, vimos toda una demostración de fuerza cuando el trío enhebra, como por azar, una sola palabra mal sonante y muestran de inmediato la otra cara de la moneda, cuando Marcos Mundstock ironiza, con su inimitable voz: «Transgresoores, los muchachos!«.
Ciertamente, Les Luthiers no tratan de enseñar, pero la parodia es un género de tan alto contenido crítico que necesita apoyarse en criterios éticos. Hay una ética de Les Luthiers, la ética que requiere toda comedia. Desarman la pretensión y la hipocresía, desnudan el narcisismo y el autoritarismo, vapulean al falso arte, a la falsa ciencia, a la superstición y al poder.
Aunque la diversión no cesa, no todo es «… por que rías». Molière sonreiría complacido.
Todo porque rías, de y por Les Luthiers, con Carlos López Puccio, Jorge Maronna, Marcos Mundstock, Carlos Núñez Cortés y Daniel Rabinovich, con la colaboración creativa de Roberto Fontanarrosa. Diseño de iluminación de Ernesto Díaz, coordinación técnica y montaje de luces de Francesco Poletti, sonido de Miguel Zagorodny, textos, músicas, arreglos y dirección de Les Luthiers. En el Hotel Conrad, Punta del Este.
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