Miró por Miró
«..un día decidí dedicarme a la vida secreta de las cosas y poco a poco suprimí toda realidad exterior para llegar al signo que es el ideograma. Esta comprensión de una vida interior de las cosas se encuentra en la pintura oriental. Yo me he sentido en Japón como en mi propia casa» «nada cambia, se trata, sencillamente, de verlo todo de nuevo, es decir, de encontrar una nueva forma de ver las cosas».
«Trabajo como un jardinero o como un viñatero. Las cosas vienen lentamente. Mi vocabulario de formas por ejemplo, no lo he descubierto de golpe. Se ha formado casi a pesar de mí. Las cosas siguen su curso normal. Brotan maduran. Es necesario injertarlas, regarlas como la lechuga. Así maduran en mi espíritu. También trabajo muchas cosas a la vez. Y aún en áreas diferentes: pintura, grabado, litografía, escultura, cerámica» «he sentido la necesidad de obtener el máximo de intensidad con el mínimo de medios. Es lo que me obliga a dar a mi pintura un carácter cada vez más despojado… Poco a poco he concluido por no emplear más que un número pequeño de formas y colores», «tengo necesidad de una gran soledad para pintar, porque la pintura, mi pintura, exige una enorme tensión. Es necesario que esté conmigo mismo y que me encuentre en las mejores condiciones de trabajo. Necesito un entrenamiento para pintar».
«Yo no era surrealista. Un español no necesita ser surrealista, ya es irracional. Yo estaba interesado en la idea de la peinture-poesie -pintura como poesía visual- pero el aspecto narrativo del surrealismo, las pequeñas historias, me daban igual».
«El juego de líneas y de colores si no desnuda el drama del creador no es más que un divertimiento burgués, las formas… deben revelar el movimiento de un alma que quiere evadirse de la realidad presente particularmente vulgar, para aproximarse a nuevas realidades, ofrecer a los hombres una posibilidad de elevación. Para descubrir un mundo habitable por algo más que podredumbres a barrer».
«Si algo de humor aparece en mi pintura, no es porque yo lo haya buscado conscientemente. Es posible que algo de humor provenga de mi necesidad de escapar a la parte trágica de mi ser. Es una reacción, pero enteramente involuntaria».
«Tengo un carácter trágico y taciturno. En mi juventud conocí períodos de profunda tristeza. Ahora, soy muy equilibrado, pero todo me disgusta; la vida me parece absurda. No es mi razonamiento que me la muestra así; la siento así, soy pesimista: pienso que todo siempre va a terminar muy mal».
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