Garúa insustancial y persistente
En teatro leyeron o vieron «Esperando a Godot» de Beckett, donde Vladimir y Estragón escribían una rima de largo alcance con Bouvard y Pécuchet; oyeron hablar de Genet y, por supuesto, devoraron al penoso Bukowski.
Se tuvo la certeza de que, con una mesa de café, dos parroquianos y un escritor se podía obtener un cuento o pieza de teatro aceptable; pronto se simplificó hasta creerse que alcanzaba con el bar y dos personas; quizás una sola era suficiente. Es como razonar que si Borges, un tartamudo, pudo ser un buen escritor, no hay quien escriba algo como «El general Quiroga va en coche al muere» si no tartamudea.
Ya teníamos un ejemplo de este paralogismo en nuestra cartelera: «La piel de Elisa», de Carole Fréchette, con varias historias insustanciales; ahora, con «Lluvia irlandesa» de Joseph Pere Peyró tenemos dos, con la desventaja de que aquí hay sólo una historia sin interés que dura, ay, cincuenta minutos.
Una mujer (Gimena Fajardo, que tiene presencia y encanto) está en un bar y monologa el recuerdo de un día de lluvia en Dublín; advertimos desde ya que se oirá este monólogo, línea por línea, no menos de cuatro veces. Un hombre cargoso (Gustavo Saffores, un buen actor en un papel muy ingrato) se le acerca; él dice que puede adivinarle el pensamiento («tengo una especie de percepción extrasensorial»), lo que al final resulta cierto; ella quiere sexo y lo logra. El es infiel, le engendra un hijo que ella aborta, etcétera: cada tanto, con una mínima información sobre los hechos que pasan, vuelve el monólogo de la lluvia, irlandesa, por supuesto, vuelve él a acosarla. La fastidia con Lacan, con preguntas como «¿Vos creés en Dios?», «¿Vos creés en la telepatía?» o «¿Cuánto líquido se necesita para llenar este vaso?». La aburre; a nosotros también. Pero también ella nos aburre con su lluvia, con su afición, que considera sublime, a mirar por la ventana, con sus «momentos únicos, singulares e irrepetibles» de los que es «testigo único», con su tenaz afirmación de que para mirar bien por la ventana hay que ser «absolutamente insustancial».
A veces nos preguntamos la causa del estreno de obras, que, como las dos que mencionamos, escapan a toda idea de programación. ¿Debemos concluir que la gente de teatro es tan supersticiosa como para creer que el azar es Dios, que todo es un fin en sí mismo, que un encuentro o una lectura casuales, pueden ser claves de nuestro destino? Derrotada orientación para la vida; pero esto, al fin y al cabo, sólo afecta a cada uno. Pero estas obras muertas al nacer llegan a un público, y terminan por ahuyentar a los espectadores.
UNA LLUVIA IRLANDESA, de Joseph Pere Peyró, con Gimena Fajardo y Gustavo Saffores, dirección de Mariana Percovich. Estreno del 20 de junio en Vieja Farmacia Solís.
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