Décimo Festival Internacional de Invierno en Cinemateca Uruguaya
El Festival amenaza perturbar el descanso de los aficionados, convocándolos a maratones de cine durante dos semanas invernales, en salas calefaccionadas. Los atractivos, sin embargo, están en la programación, en las películas y autores que apelan a la inteligencia y sensibilidad de los espectadores, y que no suelen frecuentar los circuitos de estreno de Montevideo.
Entre las diferentes secciones se destaca «De Uruguay con amor» que consta de cinco largometrajes y un corto. Y son siete realizadores debutantes. Estos largos se suman a los que se vieron en el Festival Internacional de marzo, y confirman que este año es, históricamente, el de mayor cantidad de películas uruguayas de largometraje.
Esta sección destaca la ficción de Gabriel Bossio, Joya, con Jenny Goldstein, Roberto More y Alberto Rivero. Comedia amarga con treintañeros a la deriva, un filme que persigue al protagonista (se la pasa fumando un porro detrás de otro) y su mujer de Montevideo a Piriápolis. Eludiendo las culminaciones dramáticas y toda reflexión trascendente, el relato posee una espontaneidad sostenida por sus actores con una trama elemental que se desarrolla como la vida misma, con inteligencia. Mientras los personajes dicen frases memorables, con mucha inteligencia Bossio evita que el libreto domine a los actores, los impulsa a la improvisación y obtiene esa sensación de vida cotidiana que es poco frecuente en el cine uruguayo joven. Los actores son en parte ellos mismos, hay espontaneidad, la estructura narrativa es mucho más libre. Parece un experimento en momentos que el cine uruguayo parece volverse formalmente cada vez más convencional. Esta actitud contra corriente es una virtud de Bossio, que egresó de la ECU, hizo cortos y comerciales y se inicia en las exigencias del largometraje.
Los otros largometrajes de iniciación son documentales. Desde «Es esa foto» de Alvaro Peralta, hasta «Nosotros, de uruguayos y Carnaval» de la uruguaya Paola Perkal y la mexicana Sofía Rigen, pasando por «Comparsa» de Pablo Sobrino, hay una tenue línea común que los identifica. Tratan asuntos de interés actual, creen en una cultura popular, hablan de uruguayos para uruguayos. También tiene interés «La quema» de Pedro Alonso y Cecilia Cirillo, sobre cómo se queman judas en La Blanqueada por Navidad, un corto producido por el Centro Cultural de España (CCE).
El otro largometraje uruguayo, «Las penas son de nosotros» es de Alejandra Guzzo, que tiene trayectoria previa (incluyendo «Yo pregunto a los presentes») y que anima desde hace tiempo al grupo Cine Intransigente en Buenos Aires. Su último film marca reproches, cuestiona procedimientos, abre dos visiones posibles (la oficial y la intransigente) al seguir el desarrollo de un conflicto sindical en el Frigorífico Las Piedras. Además de los uruguayos, habrá dos cinematografías de reconocida calidad pero ausentes de las pantallas locales. De Islandia hay varias obras importantes y lo más destacado es el descubrimiento de dos cineastas creativos y valiosos, Ragmar Bragasson (Niños, Padres) y Baltasar Kormákur (101 Reykjavik, Pequeño camino al cielo). El otro país con cine casi desconocido es Irlanda, y el Festival abre otra monográfica donde cortos y largometrajes conforman una visión actual premiada en varios festivales.
El Festival de Invierno también exhibirá todas las películas de Haneke y de Maya Deren.
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