LA LENGUA NO ES DE TRAPO

Siguen los barbarismos

Cada tanto debo insistir en mi combate solitario contra usos lingüísticos que no por estar muy arraigados en la comunidad hispanohablante del Río de la Plata dejan de ser barbarismos lisos y llanos.

En primer lugar, me rechina que se apocopen los adjetivos numerales ordinales ‘primera’ y ‘tercera’. Cuando oigo decir, por ejemplo, que «ésta es la tercer comparecencia del ministro ante la Comisión», me da una dentera de aquellas, y me erizo como si alguien raspara el pizarrón con la uña. Es cierto que en masculino, ‘primero’ y ‘tercero’ pierden la o final cuando preceden al sustantivo; decimos «el siglo primero, el acto tercero» pero «el primer siglo, el tercer acto».

Hasta aquí, todo bien. Pero los femeninos se mantienen con todas sus letras sin importar que vayan antes o después del sustantivo; decimos «por vez primera» y también «la primera vez» (y no ‘la primer vez’), y «la escena tercera» y también «la tercera calle a la izquierda» (y no ‘la tercer calle’). ¿Quedó claro?

Hay también una tendencia a eliminar la a final del cardinal ‘una’, y decir de forma incorrecta «la cita es esta noche a las veintiún horas» en vez de respetar el femenino diciendo (con toda corrección) «la cita es esta noche a las veintiuna horas». El título de los famosos relatos árabes es «Las mil y una noches» y no «Las mil y un noches».

Y ya que estamos con los femeninos, siento un desagradable escozor al oír la publicidad de un jabón en que se dice: «misma suciedad, misma prenda, mismo agua»; o incluso en alguna telenovela argentina he llegado a oír «tengo mucho hambre». Por más que los vocablos ‘agua’ y ‘hambre’ cambien el artículo la por el (el agua, el hambre), siguen siendo sustantivos tan femeninos como ‘asamblea’, ‘inspiración’, ‘suerte’ o ‘mesa’. No decimos «de este agua no has de beber» sino «de esta agua no has de beber», o «ha corrido mucho agua bajo los puentes» sino «ha corrido mucha agua bajo los puentes»; del mismo modo, no hablamos de «el hambre endémico» sino de «el hambre endémica».

­La verdad, Mendieta, que con esta picadita, hambre no tengo, ni endémica ni de ningún otro tipo. Pero lo que es sed, ni le cuento. Así que mande servir la otra con un poquito de agua sólida.

–¡Qué lo parió!

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