
Esta cinematografía tiene una innegable personalidad propia, dato que no sorprenderá a nadie que en su vida haya conocido a un vasco. Y ha sido, también, una de las vertientes que ha enriquecido la cultura española a lo largo del tiempo.
Ahora el cine vasco llega a Cinemateca 18 con una selección de películas de reciente factura.
El ciclo arranca hoy con “Frío sol de invierno” (2004) de Pedro Malo, un drama sobre la falta de amor y sus consecuencias, con veterana prostituta que se odia a sí misma. Una línea anecdótica secundaria sobre una prostituta más joven añade impacto dramático al conjunto. El ciclo sigue mañana con “La vida mancha” (2003 ) de Enrique Urbizu, una exploración de las complejidades de una relación familiar, cuyo eje principal lo constituyen dos hermanos en conflicto. Humor, emoción y drama, inteligentemente escritos por Michel Gaztambide y manejados con sensibilidad por el bilbaíno Urbizu.
El 19 va “Aupa Etxebeste” (2005 ) de Asier Altuna y Telmo Esnal, sobre un candidato a alcalde oculta el hecho de que está completamente arruinado, una información que espantaría a eventuales votantes. Una comedia liviana pero no tonta, debut en el largo de dos directores prometedores. Y el 20 se exhibirá “Frágil” de Juanma Bajo Ulloa, una comedia que afirma que “el amor verdadero es un cuento”, que se desarrolla a través de la historia de amor entre una chica y una estrella de cine.
El sábado 21 se repondrá “El sol del membrillo” (1992 ) de Víctor Erice, una obra maestra y el minucioso, pausado, moroso registro del trabajo diario del pintor Antonio López García, que día tras día se empeña en captar las luz que envuelve al membrillo del título. El registro de la mente y el quehacer de un artista, en un filme que no hace concesiones. Tras “El espíritu de la colmena” y “El sur”, el filme que hizo de Erice un poeta mayor del cine. El ciclo culmina el domingo 22 con “Obaba” (2005 ) de Montxo Armendáriz, un juego de ficciones superpuestas sobre un cineasta se traslada al pueblo del título para rodar un documental, y la vidas de los diversos personajes constituyen una serie de cortos que el personaje intenta ensamblar para dar cuenta de una realidad colectiva.
El cine vasco recuperó una visibilidad pública tras el fin del franquismo y con la consagración de algunos autores prestigiosos como Montos Armendáriz, Imanol Uribe, Víctor Erice y más cerca Julio Medem. Tras ellos hay más de un siglo de historia, iniciada en 1896, cuando el cine llegó primero a Bilbao y San Sebastián, luego a Pamplona y Vitoria. Como han demostrado investigaciones de Jon Letamendi y Jean-Claude Seguin, ya en la primavera de 1897 Antonio Salinas rodó una vista de la plaza de la Virgen Blanca de Vitoria. A partir de ahí comenzó una estrecha relación entre el cine y el País Vasco, plasmada en el desarrollo de la exhibición cinematográfica.
Durante la larga oscuridad franquista la película vasca emblemática fue “Ama Lur” (1968). La transición a la democracia permitió una recuperación de la producción propia, y en ese marco comenzó una casi interminable polémica sobre el concepto mismo de “cine vasco”. Para algunos, debía ser un cine exclusivamente en euskera. Hubo quien sostuvo que debía hacerse sólo cine documental, contribuyendo así a la “construcción nacional de Euskadi”. Muchos pensaban que el cine vasco, aun siendo de ficción, había de centrarse en la historia y la realidad socio-política vasca. En parte, esta idea se vio corroborada por el éxito de los primeros largometrajes de Imanol Uribe: “El proceso de Burgos” y “La fuga de Segovia”.
Tras la aprobación del Estatuto, las subvenciones del gobierno vasco hicieron que en los años siguientes se produjeran un buen número de películas en Euskadi. Con el paso del tiempo, la situación iría cambiando, produciéndose un cierto desencanto. Las siguientes películas no obtuvieron el éxito esperado, la Consejería de Cultura del Gobierno Vasco se enfrentó con determinados cineastas, cambió el sistema de subvenciones a fondo perdido, e incluso comenzó a ponerse en duda el propio concepto de cine vasco. Hoy muchos observadores del panorama del cine en Euskadi consideran que la gran asignatura pendiente sigue siendo conseguir una infraestructura industrial propia y consolidada, aunque ha aumentado el número de películas.
OTRAS NOTICIAS EN LARED21