Estreno. Registro fílmico de la banda que le puso el logo al rock

Rolling Stones en "Shine a ligth, una película realmente imperdible

Esta película es una de esas raras coincidencias históricas que no suelen darse en el mundo del espectáculo.

Por un lado estaban los Rolling Stones dispuestos a dar un deslumbrante concierto en un lugar chico ­justamente ellos, tan acostumbrados al gigantismo escénico­ y del otro lado de la idea, el director Martin Scorsese, con ganas de divertirse y armado con un arsenal técnico que incluyó el uso de dieciséis cámaras y lo mejor del universo de los camarógrafos, cuatro de ellos ganadores de un Oscar. La intención: registrar de la mejor manera posible a la banda que le puso el logo al rock.

El resultado: «Shine a light», un plato exquisito y caliente, como la historia misma de esos señores llamados Mick Jagger, Keith Richrds, Ron Wood y Charlie Watts.

Scorsese ya había incursionado en el género documental vinculado a la música. Fue uno de los cámaras en el monumental y estridente «Woodstock» (1969), hasta que en 1976 filmó «El último vals», la despedida de The Band, la mágica banda de Robbie Robertson. Luego se dedicó a realizar algunas de las joyas más incuestionables de la historia de cine, como «Taxi driver», «Toro salvaje», «Buenos muchachos» o «Los infiltrados».

Eso hasta la llegada de esa quilométrica puesta a punto con la carrera de Bob Dylan que es «No direction home» y le retomó el gusto a los decibeles.

Aunque, hay que reconocerlo, la música de sus «majestades satánicas» siempre ha estado sobrevolando la banda sonora de este hijo de Nueva York y que para los amigos es Marty, simplemente.

Digamos también que otros directores de buen pulso intentaron atrapar la magia de estos señores, con resultados al menos desparejos, como el experimento de Godart en «Smpathy for the devil» (1968) o los hermanos Mayseles, que hicieron lo posible con «Gimme Shelter».

Pero fue Marty, el amigo, el que convenció a esta gente para treparse al escenario del Beacon Theatre de Nueva York para filmarlos y sacarles lo mejor de su mítica esencia, su historia.

Y no faltan las confesiones, porque el propio Richards dice en cierto momento que estuvieron a menos de un paso de la separación, pero se dieron cuenta de que solos no sabrían que hacer con sus vidas.

Y más allá de las anécdotas, los músicos se pararon frente a un público que incluyó al matrimonio Clinton y con la participación de colegas de alta gama, como el enorme bluesmen Buddy Guy o esa joven estrella que es Jack White o la incomprensible participación de ese chicle pop que suele llamarse Christina Aguilera. Más allá de todo eso, están los Stones, que repasan su espeso historial musical con momentos sutiles, como «Jumping Jack flash» en el arranque o la infaltable «Satisfaction» al final. En el medio del menú, se encuentran gemas inesperadas como «Shattered» o «As tears goes baby», parte del legado blues que estos blancos de las islas británicas se apropiaron de los negros del Delta, con desfachatez, pero también con respeto y admiración. «Shine a light» es pura adrenalina y al mismo tiempo, significa una formidable clase de cine.

Los Rolling Stones se infiltraron en la carrera de Martin Scorsese y no parece que esa coincidencia histórica pueda repetirse a corto plazo. Imperdible.

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