Buenas credenciales. Representó a su país en el Oscar y fue galardonada en Cannes

Cuatro meses, tres semanas, dos días, llega hoy a la sala de Cinemateca 18

Otilia (Anamaria Marinca) y Gabita (Laura Vasiliu) comparten habitación en una residencia de estudiantes. Ambas van a la universidad en una pequeña ciudad de Rumania durante los últimos días del régimen de Ceausescu.

Su anterior novela, publicada en España, «Santo remedio» obtuvo muy buena crítica y los favores del público peninsular, además fue finalista del Premio Fundación Lara. Sin embargo, llegó a Uruguay hace poco tiempo. ¿Por qué?

Gabita queda embarazada y decide no tener el bebé. El problema es que el aborto es ilegal. Esto la obliga a contactar a un tal señor Bebe (Vlad Ivanov), un médico que le asegura que podrá solucionar su problema si le paga una gran suma de dinero.

Como informa la página oficial del filme, el mismo forma parte de un proyecto más amplio llamado «Relatos de la edad de oro», que busca tocar los últimos días del comunismo en Rumania.

El director Cristian Mungiu escribió la primera versión del guión en julio de 2006. La misma era más larga que la versión final. Describía con más detalle la vida en la residencia estudiantil e incluía la visita del padre de Gabita, la única escena que se cortó durante el montaje.

Continuó mejorando el guión durante el rodaje, especialmente los diálogos e incluso reescribió algunas escenas.

Mungiu sólo tenía claro a un actor cuando creó el guión, a Vlad Ivanov, que encarna al señor Bebe. Había trabajado con él en un anuncio un año antes y quedó asombrado por su energía y atención por los detalles. Durante el rodaje, Ivanov demostró sus capacidades recitando hasta diez páginas de diálogo sin cambiar una sola palabra.

A Laura Vasiliu (que hace de Gabita) la conoció también realizando anuncios y la seleccionó para la película por su capacidad para expresar emociones en su interpretación.

Pero el reto más grande fue encontrar a quien encarnaría a Otilia. Una semana antes de comenzar la filmación, Mungiu seguía sin tener a la actriz principal. Había visto a innumerables actrices rumanas entre 18 y 28 años, pero no tenía a nadie para el papel. Entonces decidió traer a Anamaria Marinca desde Londres. La primera reunión con la actriz fue una gran desilusión ya que Anamaria no tenía nada que ver con el personaje. Pero al día siguiente, mientras leían las escenas juntos, la transformación de la actriz dejó perplejo al realizador. El personaje hablaba por la boca de Anamaria, lo que terminó de convencer a Mungiu.

Finalmente el director destacaría que «Si de algo estoy realmente contento de la película, es de la interpretación. Alguien me dijo, después del primer visionado informal, que si se escuchaba a los personajes desde otra habitación, parecían personas hablando en un vídeo casero. Me pareció el mejor cumplido que me podían hacer».

En lo que refiere al contexto histórico de la cinta, vale resaltar que en 1966 se declaró ilegal el aborto en Rumania. El efecto de esto fue el incremento de la tasa de natalidad.

Las mujeres pronto decidieron recurrir al aborto ilegal. Cuando llegó el final de la era comunista, diversas fuentes calcularon que 500.000 mujeres habían muerto por abortar ilegalmente.

En esos años, el aborto perdió su connotación moral y se instauró como un acto de rebelión y resistencia contra el régimen.

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