Esperando en vano a la comedia
Nadie quiere cargar con Mamá Cora; y Langsner se esmera en el retrato de una vieja gatosa y entrometida.
Tenía ante sí uno o dos temas: la vejez preterida, esos padres que demoran en irse y que ya nada pueden aportar, el dinero que cuesta mantenerlos, las relaciones familiares que padecen, entorpecidas por esos padres terribles. Con la misma idea Oduvaldo Viana filho escribió la admirable «Nuestra vida en familia» que nos ofreciera El Galpón. Había allí más verdad, más trama, más interés, más ternura y más auténtico dolor. «Esperando la carroza» no desarrolla ni una sola idea: hace discutir a los personajes, de modo que todos muestren su mala entraña, su visión negra de la vida, esa sabiduría convencional que parece producen los boliches y que se define porque nada hace por cambiar la realidad; el mundo concebido como un circo romano donde nos matamos y hasta devoramos los unos a los otros.
Oímos decir, no sin cierta aprensión, que «Esperando la carroza» es muy «nuestra»; de ser verdad, habría que rezar un responso por el Uruguay. Pero cualquier lector recuerda, de su propia vida familiar, aun de la vida pública de nuestro país y sin recurrir a los «héroes» de los libros de historia, episodios de puro amor, abnegación y heroísmo. «En familia» de Sánchez, a pesar del ajusticiamiento del padre por el hijo en la penúltima y terrible escena, tiene sentimiento, que salva todo, y nos exige dignidad y esperanza. Pero no hay piedad en Langsner, ni siquiera para Mamá Cora; y la hipertrofia, hasta el monstruo, que de ella hizo Antonio Gasalla en sus shows, es una poderosa crítica en acción, quizá no deliberada, de la vacuidad de la pieza. Todo lo que ocurre, de comienzo a fin, es sólo un pretexto para réplicas y situaciones que hacen reír por incongruentes, disparatadas o inverosímiles; y aquí no se retrocede ante el mal gusto, como la desagradable burla a costa de una discapacitada. El género al que pertenece «Esperando la carroza» no es la comedia, sino la «astracanada», a lo Muñoz Seca o, más recientemente, porque también hay astracanadas para intelectuales, a lo Ionesco en «La cantante calva». Como alguna vez se nos ha preguntado, a propósito de alguna de nuestras críticas, por el sentido del término «astracanada», reproducimos aquí la exacta información de la «Wikipedia»: » El astracán…basado en una teatralización de la realidad, explota el…retruécano…y…situaciones disparatadas, a las que se supeditan los personajes y la acción, haciendo uso de juegos toscos de palabras, tipificación regional del habla, nombres propios que dan lugar al equívoco y al chiste, etcétera… En las astracanadas lo que importa únicamente es reír, incluso a costa de la verosimilitud argumental, y a esa función se dirigen todos los demás recursos del drama».
Nada tenemos que agregar. La dirección de Omar Varela se centra en la eficacia de los chistes, y con toda evidencia logra hacer reír; puede destacarse a Graciela Rodríguez dentro de un elenco competente.
ESPERANDO LA CARROZA, de Jacobo Langsner, por la Compañía Teatral Italia Fausta, con Marta Laino, Virginia Rodríguez, Juan Antonio Saraví, Daniel Bérgolo, Graciela Rodríguez, Florencio Sacco, Jenny Galván, Hugo Giacchino, Norma Salvo, Martín Arellano, Mauro Bonasorte, María Laura Castro, Rosita Freiría, Carla Yelpo y Elena Brancati. Vestuario de Nelson Mancebo, escenografía de Claudio Goeckler, iluminación de Diego Cáceres y Martín Rodríguez, dirección general de Omar Varela. Estreno del 30 de mayo, teatro del Anglo, sala 1, San José 1426, tel. 903 19 69.
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