Etnocentrismo. Los incas eran unos "inútiles" que necesitaron de la ayuda de generosos extraterrestres

A propósito de Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal

En una reciente nota sobre el estreno de «Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal» este cronista, con la premura del cierre, deslizó un error intercambiando mayas por incas con respecto al espacio físico de los acontecimientos en la referida película.

La aclaración (y correspondientes disculpas) viene al caso por múltiples razones. Dicha corrección debe subrayarse en el marco de un producto que apuesta a la receta y mete en la coctelera desde el patrimonio cultural de un pueblo hasta fábulas extraterrestres, con el sólo propósito de capturar auditorio para la taquilla.

No alcanza con la comprobación científica de que esas supuestas calaveras de cristal, en realidad, eran atribuidas a la cultura maya (e incluso azteca) y que muchas de las que se exhiben en museos de arte precolombino sean presumiblemente falsas. El imaginario colectivo tiende a la distorsión fantástica de algunos elementos históricos relativamente ambiguos y llega a transformarlos en elaboraciones alienígenas o cosas por el estilo, aunque no exista una mínima base racional.

Hay multiplicidad de «teorías» que especulan con estas variables donde se incluyen «habitáculos astrales que proceden del seno de la luz creante…» (?), según discurso promovido por Eugenio Siragusa, supuesto contactado para divulgar el mensaje de otras galaxias en esta tierra.

Aquí la mezcolanza integra platos voladores y religión en un planteo donde los míticos ángeles se han transformado en seres de otro planeta que usaban Cuzco o Tiawanako como pista de aterrizaje. (En este último lugar, ubicado en Bolivia, se encuentra la Puerta del Sol, una monumental construcción de piedra maciza donde aparecen bajorrelieves de seres alados y un calendario solar. Mientras tanto, en el Museo de México hay otro calendario de veinticuatro toneladas que ya dividía el año en trescientos sesenta y cinco días y, hasta el día de hoy, asombra por la precisión de sus observaciones astronómicas ya que, aparentemente, los aztecas no contaban con telescopios de alta precisión).

Todo este tipo de cosas resulta campo fértil para la imaginación creativa aunque, con respecto al reino de la calavera e Indiana Jones, el tema impresiona como demasiado trillado y aprovechándose de la imaginería popular para refritar una leyenda popular de dimensiones internacionales.

Habría que preguntarse si adjudicar el legado de un pueblo a creaciones intergalácticas no viene a ser como un saqueo histórico relativo a la memoria artística de los antiguos habitantes de esas regiones.

Por lo general, estas presunciones sobre ovnis y otras yerbas recaen en territorios como la Isla de Pascua (donde existen grabados de hombres pájaro), la localidad de Tula, en México (aquí se observan unas esculturas de piedra con presuntas armaduras y sofisticadas «armas de ataque»), en Perú (con sus enigmáticas figuras del Toro Muerto) o en la chilena Quebrada de los Camarones que guarda dibujos en relieve de extraños objetos voladores. Salvo contadas excepciones (Italia, Japón e Inglaterra), las visitas de otros mundos siempre se han estacionado en países del Tercer Mundo, o «en vías de desarrollo». Casi nunca ­salvo en las películas­ ese mensaje de otra galaxia ha aterrizado antiguamente en países que ahora serían conocidos como integrados al Primer Mundo.

Como si los imperios creados por los incas, aztecas y/o mayas hubieran necesitado el auxilio de generosos «marcianos» que apoyaron a estos pobres indígenas terrícolas con el aporte de sus adelantos tecnológicos. No estoy muy seguro pero todo esto me suena sutilmente prejuicioso. Por eso me interesaba reparar el error. Estos milenarios pueblos (y su cultura) se lo merecen.

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