LA LENGUA NO ES DE TRAPO

Poniendo el acento

El pasado domingo 11 me encontré con el siguiente titular: «La Policía cree que el autor del crimen está entre los cuatro indagados liberados ayer».

Sé perfectamente bien que entre las pesadillas ortográficas que atormentan a los hispanohablantes, los acentos gráficos, también llamados tildes (que puede ser tanto femenino como masculino, con esa ambigüedad de algunos sustantivos castellanos), suelen generar dolores de cabeza. Sin embargo, las reglas de acentuación de nuestra lengua son claras, precisas y bastante lógicas, dentro de la arbitrariedad de las normas idiomáticas.

En primer lugar, digamos que todas las palabras tienen acento fónico, es decir que en todas hay una sílaba tónica, en la que recae la acentuación: farol, casa, ímpetu tienen todas ellas una sílaba que, aunque no haya tilde o acento escrito, es aquella sobre la que recae el énfasis de la pronunciación. En farol, cae en la última sílaba y es, por tanto, una palabra aguda; en casa, cae en la penúltima sílaba y es, por ello, una palabra grave o llana; y en ímpetu, cae en la antepenúltima y se la conoce como esdrújula. En el modo imperativo, cuando al verbo se agregan dos pronombres enclíticos, podemos tener una palabra acentuada en la sílaba anterior a la antepenúltima; esas palabras se llaman sobreesdrújulas: repítamelo. Antes de seguir, le digo que tanto las esdrújulas como las sobreesdrújulas se escriben siempre con tilde.

¿Y cuándo una palabra grave o una aguda se escriben con tilde?

Muy sencillo. Las graves deben llevar tilde cuando terminan en cualquier consonante que no sea ene o ese: mártir, inútil, huésped; si terminan en vocal, en ene o en ese, no se escriben con tilde: gallina, examen, crisis. Las agudas, por su parte, se comportan a la inversa, o sea que se escriben con tilde si terminan en vocal, en ene o en ese: llegué, canción, portugués; y no llevan tilde si terminan en cualquier consonante que no sea ene o ese: capaz, reloj, ardid, circunstancial.

–No es por nada, Mendieta, pero grave es un accidente, llano puede ser un plato, y aguda una apendicitis. No me venga con cosas raras, ¿tamo?

–¡Qué lo parió!

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