Lucas y Spielberg otra vez con el héroe de sombrero y látigo
Resulta casi un acontecimiento cinematográficoempresarial. El retorno de Indiana Jones a la pantalla grande insumió unos trescientos cincuenta millones de dólares (de los cuales, casi el cincuenta por ciento fue invertido en la difusión publicitaria del largometraje).
Esto supone un estudio de mercado muy cuidadoso para imponer el producto más allá de su calidad artística y/o de esparcimiento, además de todo el posible merchandising que pueda hacerse (como en el caso de «Jurassic Park», por ejemplo).
Ahora la historia refrita creencias de seres extraterrestres en el Imperio Maya y ubica la acción a mediados de la década del cincuenta donde Estados Unidos y la URSS se encuentran en plena «guerra fría».
La calavera del título aparentemente posee un potencial muy particular y podría ser utilizada por los malos de la película para dominar al mundo. Claro que ahí está «Indy» para impedirlo y salvar, nuevamente, al planeta tierra del desastre total. Típico argumento de matiné al que Spielberg ha rendido homenaje en buena parte de su carrera sin preocuparse demasiado por la probable verosimilitud de los acontecimientos narrados.
En este caso, el esquema se repite; también aquí hay villanos de historieta (la estupenda Cate Blanchett como la perversa agente Irina Spalko), peleas cuerpo a cuerpo donde a Harrison Ford no se le cae el sombrero en ningún momento y paisajes exóticos que guardan terribles secretos y representan grave riesgo para la humanidad.
El problema es que la fórmula ya acusa un agotamiento total y delata su carácter reiterativo. Esta «calavera» no chilla ni aporta nada nuevo a la saga del profesor aventurero e, incluso, por momentos resulta hasta monótona en su desarrollo.
En ningún momento aparece la pericia narrativa del director de «E.T.» ni tampoco la magia que cautivaba multitudes de espectadores a través de sus filmes. Por el contrario, casi todo impresiona como receta; un cocktail que recicla escenas de anteriores largometrajes esperando que funcione como antes. (Si tuvo éxito una vez, ¿por qué no se va a reiterar el suceso?, típica filosofía de Marcelo Tinelli que funcionará en Argentina pero aquí tropieza en grande y se desploma).
Más allá de una excelente reconstrucción de Norteamérica en los años cincuenta y alguna tibia crítica al maccarthysmo (y la «paranoia roja» que buscó comunistas hasta en la sopa), esta última realización deja bastante que desear incluso para los incondicionales del valiente arqueólogo.
A lo sumo, podría destacarse que resulta muy meritoria la participación de Ford que, a sus sesenta y siete añitos, no desentona en una película de acción y aventuras bastante movidita. Descontando que los dobles hacen las escenas de mayor riesgo, cuando Don Harrison tiene que poner el físico, en algún que otro momento de combate cuerpo a cuerpo y demás, sale bastante bien parado del asunto. Claro, uno no paga la entrada para ver esto. (De todos modos, debe ser la última entrega ya que Mr. Jones parece irse a cuarteles de invierno: termina casado y con un hijo). Good bye, Indiana.
Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal (Estados Unidos; 2008). Dirigida por Steven Spielberg. Producida por George Lucas. Guión de David Koepp sobre historia de George Lucas y Jeff Nathanson. Producción general: Frank Marshall. Edición: Michael Kahn. Con Harrison Ford, Cate Blanchett, Karen Allen, Ray Winstone y John Hurt.
Compartí tu opinión con toda la comunidad