Clint Eastwood es firme candidato a ganar la Palma de Oro en Cannes
Una verdadera ovación, más parecida a la tributada al nuevo «Indiana Jones» que a la recibida por ningún filme del concurso proyectado hasta ahora, premió a una obra que atrapa al espectador hasta el final, sin regodeo estilístico ni concesión a los actores, si se exceptúa el exagerado y múltiple vestuario que luce Angelina Jolie.
Basado en un hecho real descubierto en los archivos policiales por un periodista del Los Angeles Times, J. Michael Straczynski, famoso luego por la serie televisiva «Babylon 5″ y autor del conciso guión, el filme alcanza una dimensión clásica gracias a la austera dirección de Eastwood.
Estamos en Los Angeles, en 1928, con la ciudad asolada por la corrupción de la policía, donde desaparece de su casa un niño de nueve años, hijo de una supervisora de una compañía telefónica, Christine Collins.
Cuando la policía, acusada de ineficiencia y corrupción, dice haber encontrado al niño desaparecido y éste es totalmente diferente a su hijo (tiene cinco centímetros menos y fue circuncidado), Christine denuncia el caso a un pastor protestante (John Malkovich) embarcado en una cruzada personal contra la policía de Los Angeles.
Se desata así una guerra desigual entre las autoridades y una madre indefensa que lleva a esta última a un manicomio del que es rescatada cuando se descubre que su hijo es una de las veinte víctimas de un asesino en serie canadiense.
Su victoria no impedirá a Christine Collins seguir buscando empecinadamente a su hijo convencida, contra toda evidencia, de que el niño escapará de las garras de su verdugo.
Angelina Jolie se mueve con demasiada elegancia y exceso de maquillaje por una historia que hubiera requerido una mayor discreción interpretativa, pero igual sabe conducir sobre sus espaldas todo el andamiaje de la película, dado que Malkovich con su espléndida voz tiene apenas un rol marginal en la trama.
Pero la verdadera estrella de la película es Eastwood y su cada vez más extraordinario sentido de la narración cinematográfica, que le permite brindar al público una de las mejores realizaciones de su carrera.
Otro buen filme del concurso fue «Dos amantes», del desigual James Gray, donde el promisorio debutante de «Pequeña Odessa» y el decepcionante director de «We own the night» recupera su garra narrativa contando la triste historia de un joven condenado a sucesivas desilusiones amorosas.
No convenció en cambio «Delta», tercer largometraje del húngaro Kornél Mundruczó, un filme de más modestas ambiciones y aún más modestos logros, donde no se aclara si la película es una parábola sobre el odio al diverso que se propaga por toda Europa o si es uno de esos dramas rurales tan frecuentes en el cine del este europeo de los años 30.
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