
El documental cuenta parte de la historia del Uruguay cultural post dictadura a través de la historia de Tabaré Rivero y su banda, La Tabaré Riverock Banda.
Con extrema sencillez, naturalidad y sentido del humor, pero a la vez demostrando la profesionalidad en el género, este documental muestra a través de un sinfín de anécdotas de quienes participaron de cerca en esta historia, del archivo fílmico del propio Tabaré Rivero, y mediante la música, la historia de una época, elaborando una íntima reflexión y sutil crítica sobre la posición del artista en el Uruguay y América Latina en la sociedad contemporánea.
La película podía ser un reportaje con gente que dice, opina o rememora, con testimonios pasivos y “cabezas que hablan”, en el mejor de los casos muy interesante por los reporteados, y en el peor una charla de amigos.
Pero sorprendentemente es otra cosa. Con una fluidez que se convierte en vitalidad, el filme de Mariana Viñoles y Stefano Tononi (“Crónica de un sueño” y “Los uruguayos”), es tan peleador como su protagonista, discute desde la incorporación del show a un espectáculo de protesta hasta la banalización que en los últimos tiempos ha caído encima de músicos uruguayos, y toma partido por zafar de esa lógica de mercado, una explicación de por qué Tabaré Rivero se aleja ahora del rock, abriendo una interrogante sobre el después.
Esta operación está afirmada en los procedimientos expresivos del filme, que empieza con un recital de La Tabaré con mucha, mucha gente, y sin decir palabra sugiere que lo que está detrás será el concepto de lo popular, de lo colectivo, quizá puesto en discusión.
Lo que sigue es un análisis poco convencional de la trayectoria de la banda y su líder. A partir de muchos materiales de archivo, muestra los primeros espectáculos del grupo, en un escenario teatral, con actores que dicen un texto que conduce a lo musical.
De ese modo “La Tabaré, rocanrol y después” evita ser o parecer una película de montaje con filmes de archivo, evita la rememoración nostálgica y complaciente, evita ser un reportaje pasivo ilustrado en imágenes, y por el contrario deja muy firme la real discusión que corre todo el tiempo por detrás de las imágenes y que se enfatiza en un número sarcástico donde el protagonista es inducido a pensar con la lógica del dinero. Entre el dinero y mantener los principios artísticos, la opción es clara y no hace casi falta que Tabaré Rivero lo diga, pero cuando lo dice se entiende que aquello contra lo que pelea es la banalización de estos tiempos que corren, y que eso explica el “después” del título.
Curiosamente todos los temas más urgentes hoy por hoy en la necesaria y siempre eludida discusión sobre arte y cultura, están en la película. Por cierto, Viñoles y Tononi no hubieran podido hacerlo sin La Tabaré, pero eligieron a Tabaré Rivero justamente.
A todo esto los autores repiten varias virtudes vistas en sus producciones anteriores. La intromisión de la cámara en lugares privados, las conversaciones casuales registradas en banda sonora, la toma suelta que ilustra, son rasgos de estilo que estaban sobre todo en “Los uruguayos”, y permiten al espectador entrar en confianza. En un género donde lo convencional aplasta las mejores intenciones, éste es un ejemplo en contrario.
Las localidades para presenciar el documental tienen un precio de $ 85 y los socios de Cinemateca tienen acceso gratuito.
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