Beatriz Flores Silva. Una mujer comprometida con su arte y con el ser humano

"Si se mata la cultura, estamos en una dictadura"

En esta entrevista, Beatriz Flores Silva, pionera del cine uruguayo, habla de la responsabilidad del creador, del compromiso del artista, de sus angustias, de su rebeldía ante la injusticia, y no vacila en afirmar que la civilización actual anula la capacidad de amar.

Martes 20 de mayo de 2008 | 2:49
  • Imprimir
  • Envíar por e-mail
Capacidad de amar. "Soy más feliz cuando doy que cuando me quejo; porque cuando me quejo segrego bilis".

Con su sonrisa contagiosa, nos abre la puerta de su casa de Carrasco y nos hace pasar a un amplio estar. Mientras Juan Milans prepara sus lentes y filtros, observo la calidez acogedora del lugar: una estufa de leña, ventanas que descubren un jardín poblado de árboles, asientos informales cubiertos con mantas y cojines de lana, un par de guitarras, libros y objetos varios sobre las mesas y algunos afiches de cine en las paredes.

Aunque le aclaro que la entrevista no se centrará en el cine por la sencilla razón de que no soy crítico cinematográfico sino un mero espectador, inevitablemente empiezo por ese tema:

 

­Tengo registradas tres películas tuyas, y creo ver una evolución, desde ‘Pepita la pistolera’, una historia concreta, ‘En la puta vida’, el planteo de un problema social, y esta última, ‘Polvo nuestro que estás en los cielos’, más de corte político…

­Sí, creo que ha habido una evolución. A mí me interesa mucho el tema del individuo en la sociedad, y me interesa tratar el caso de personas fuertes que se encuentran en una situación de debilidad frente a la autoridad. A mi modo de ver, hay problemas con la autoridad, la gente no se lleva bien con las normas. Por otro lado, se nos dice que si viviéramos en un mundo sin normas, estaríamos en la ley de la jungla. Yo soy de las que cree que si no hubiera normas, tal vez iríamos más hacia el amor y más hacia otra clase de mundo mejor; pero no lo sé. Sé sí que ha habido experiencias de sociedades con el acento puesto en el amor, en el placer, muy distintas a la actual, donde lo que importa es la fuerza de trabajo, el capital, y eso ¿cómo no va a generar odios, ansias de poder?

 

­Sin embargo, las sociedades primitivas ya manifestaban agresividad contra otros grupos, iban a la guerra por territorio, por alimentos, por mujeres, conducidos por el jefe del clan, que era la autoridad…

­Bueno, vos me hablás de las sociedades primitivas machistas… Pero hubo sociedades matriarcales donde las cosas no funcionaban de la misma manera. Tal vez la mujer tiene menos ansias de poder… de repente las cosas podrían ser de otra forma. Me parece que el ser humano ha perdido una capacidad espiritual de ver el mundo, de contemplar las cosas que hay alrededor de uno, de vivirlas con felicidad, porque se lo ha embrutecido, se lo ha sometido desde hace mucho tiempo a una cosa muy brutal: el trabajo, el trabajo, el trabajo. El trabajo, además, para beneficio de unos pocos. En fin, son pensamientos para los que no tengo respuesta. Sé que tengo tres hijos y que no es muy lindo lo que les estoy dejando; les estamos dejando un mundo muy sin esperanzas, que ha perdido la esperanza revolucionaria, la idea de un mundo mejor. Con esto no quiero decir que los revolucionarios que actuaron aquí estuvieron acertados, no estoy emitiendo un juicio de valor. Pienso que hubo muchos revolucionarios que cometieron muchos errores, errores que en general provienen de la incapacidad de concentrarse en el amor. Yo soy más feliz cuando doy que cuando me quejo; porque cuando me quejo segrego bilis (se ríe).

Estamos en un mundo donde importa mucho el poder, donde importa mucho la lucha. Esta última película habla sobre personajes que están en lucha, que viven en forma épica y que por consiguiente generan neurosis, y para mí esas neurosis destruyen; por eso terminan todos como terminan. La única que termina bien es la que desarrolla una capacidad de amar o la que ya tiene innata una capacidad de amar, y esa gente que tiene capacidad de amar tiene también capacidad de ver cosas que los que están concentrados en la lucha no ven; creo que de ahí viene la comparación que han hecho algunos críticos con el realismo mágico. Cuando pongo una protagonista que se salva porque ha amado a lo largo de toda la película, es en realidad una pregunta que me estoy haciendo: ¿Sería esta una solución?

 

­En definitiva, estás demasiado pendiente de la angustia, del sufrimiento de la gente.

­Sí, pero eso no es una cosa buena, y me gustaría aprender a mirar lo que no tiene sufrimiento, aprender a mirar la paz. Esto es algo que empecé hace tres años en el Cabo Polonio, un lugar muy energético, que te obliga a estar más en contacto con la naturaleza como en una vuelta a una vida menos civilizada. Te pone en contacto con otras cosas más esenciales, que no son la angustia sino todo lo otro de maravilloso que tiene el mundo: el mar, la luna…

 

­Un poco lo que decía Borges respecto del mar, que cuando lo miramos lo vemos por vez primera siempre, “con el asombro que las cosas elementales dejan, las hermosas tardes, la luna, el fuego de una hoguera”.

­Exacto. Y otra cosa que me llama la atención es que todas las personas que van al Cabo Polonio reciben eso, y a su vez están dispuestas a dar lo mejor de sí mismas. Creo que el ser humano tiene una capacidad de “buenagentez” que la sociedad anula. Tiene una capacidad de contactarse con la naturaleza que la sociedad anula; tiene una capacidad de contactarse con lo espiritual que la sociedad anula… Y yo no sé qué hacer con respecto a eso, pero desde mi rol de artista, tengo la obligación por lo menos de plantear las preguntas.

 

­Es que todo artista sólo puede plantear dudas, no puede plantear certezas, tiene que largar para afuera sus angustias y sus preocupaciones pero sin dar recetas.

­Exactamente. Yo he llevado una vida muy épica, he luchado mucho y siempre contra montañas. Viví aquí hasta los 25 años, cuando me fui a Bélgica en el año 82. Estaba casada con el padre de mis hijos mayores ­un uruguayo de origen belga­ y aunque no sufríamos una persecución política directa, mi marido tenía categoría C y la vida aquí era insufrible. Así que nos marchamos con una mano atrás y otra adelante, a la aventura. Allí tuve suerte y pude hacer la Escuela de Cine. Al volver a Uruguay en el 93, me metí de lleno en el cine, me vinculé con la asociación de productores, iba a las reuniones de la Federación Sudamericana… esa lucha me llevó por momentos a alejarme de mis hijos, en esa épica demente por el cine nacional.

Y muchas veces me pregunto si es correcto llevar una vida épica, porque la épica es la concentración hacia un objetivo soslayando todo lo que te rodea; lo que está a tu lado no lo ves. Pienso que colaboré a mi modo con el desarrollo del cine nacional actual, pero eso a costa de desatender mi vida personal.

 

­Perdón, creo que más que colaborar vos fuiste pionera. Antes de Pepita, no hay una película uruguaya de calidad…

­Bueno, eso corre por tu cuenta… Lo que a mí me interesa desarrollar es la relación del espectador con la pantalla. Para mí hacer una película es como escribir una carta al espectador, una carta donde planteo mis dudas respecto al mundo, respecto a la vida. Ahora, volviendo a tu primera pregunta, creo que la evolución consiste en que al principio mi preocupación estaba centrada en el ser humano frente a la autoridad del tipo que sea; y ahora es una preocupación más existencial. Me preocupan muchas cosas, pero sobre todo la cuestión del amor y la lucha.

 

­¿A ver cómo es eso del amor y la lucha?

­Estoy en contra de la resignación que plantean las religiones… pero al mismo tiempo tampoco estoy de acuerdo con la guerra; los caminos elegidos para luchar hasta ahora han sido los de la guerra. Pero ojo, que no se me malinterprete: creo que es más asesinato que haya niños en Africa que se mueren de hambre, que pegarle un tiro a una persona cualquiera. Siempre me llamó la atención cómo se critica a los movimientos guerrilleros que asesinan gente, y me pregunto ¿el capitalismo no está asesinando mucha más gente? Yo estoy en contra de los dos asesinatos, pero no por el tabú de que el asesinato está mal. Hay que tener mucho cuidado con los tabúes, hay que reflexionar mucho, y el artista tiene ese rol. Y si la gente de la cultura luchamos por existir, no es para vivir mejor. Acá no hay artistas que se hay
an enriquecido, y sin embargo ves a la gente trabajando en los teatros independientes, ves cómo nació el cine, y eso es porque la gente de la cultura parece decir “sigamos reflexionando”.

­Pero los gobiernos tiene otras prioridades.

­El tema de las prioridades es terrible, porque te dicen “no, hay que preocuparse primero de la emergencia social, hay que ocuparse primero de la salud”, y te ponen en un lugar ingrato porque si te dan un peso para financiarte algo, te hacen sentir que le estás quitando la sangre a un bebé. Y no es así. Hace tiempo que la cultura uruguaya viene postergada, hace tiempo que hay tipos que trabajan de taxistas durante el día y de noche son actores… La cultura uruguaya ya pagó su cuota social, la sigue pagando; no se le puede pedir más. Y si se le pide más sacrificio, se la mata; y si se mata la cultura en un país, estamos en una dictadura, porque se está impidiendo el derecho a la crítica, el derecho a la reflexión, el derecho que tiene todo ciudadano a provocar la reflexión en aquellos que nos están gobernando, sean de izquierda, de derecha o de centro.

 

–Bueno, por algo uno de los blancos predilectos de toda dictadura son los artistas y las manifestaciones culturales.

–Y por algo las dictaduras utilizan a la cultura… Ahora parece que se impone el concepto de que la cultura es un lujo. Con ese criterio, la educación también sería un lujo, entonces tampoco enseñemos nada a nadie. Para mí, lo que es un lujo en este país es recorrer el país y ver tanta tierra sin explotar; para mí, lo primero que tendría que hacer un gobierno de izquierda es la reforma agraria. Tenemos un país lleno de tierras cultivables y tenemos gente comiendo basura… hay algo ahí que no cierra. Todas las sociedades tratan de ocuparse de ese problema: vemos en las sociedades europeas el desarrollo de la social democracia; vemos en Cuba el desarrollo del socialismo. Y si menciono a Cuba, es porque no vi niños hurgando en la basura; vi que todo el mundo come mal pero come. Por supuesto que debe de haber privilegiados, seguramente hay problemas con los derechos humanos, ya lo sabemos. Pero es como cuando me dicen que en Cuba hay prostitutas; ¿y qué? ¿En otras partes del mundo no hay prostitución? ¿En el primer mundo no hay pedófilos?

Con todo esto no quiero decir que Cuba es fantástica. Lo que te quiero decir es que para mí es una prioridad que todo ser humano coma. Cada vez que veo un carrito de hurgador con seres humanos entre las bolsas de basura, me paro y me dan ganas de, qué sé yo, de desnudarme en la calle y gritar ¡hagan algo para que no haya más carritos como éste! En un país con tanta tierra, donde con muy poco la gente podría comer, hay niños desnutridos hurgando en la basura.

 

­Pero convengamos en que hay políticas destinadas a paliar la situación.

­Sí, pero el impuesto a la renta cae sobre los asalariados. ¿Por qué no atacamos de veras a lo que hay que atacar? Al final parezco más izquierdista que los izquierdistas. Reconozco que se han hecho cosas, incluso creo que el impuesto a la renta es positivo, no estoy en contra de ese impuesto, pero lo que el Estado recauda se diluye y no se sabe a dónde va a parar.

 

­Perdoname, pero ha habido una mejora en la redistribución…

­Puede ser. Pero yo estoy tan impactada por el hecho que no haya una manifestación porque hay un niño mendigando en la calle, que todo lo que he visto como cambio me parece sumamente tibio. Y lo que sí he visto es un ataque muy grande a la cultura. Este gobierno nos ha quitado el oxígeno, no ya la comida que nos la habían quitado antes, sino el oxígeno, entonces no podés respirar y te morís.

 

¿SE PUEDE VIVIR DEL ARTE?

­¿Qué te parece el ICAU?

­Maravilloso, felicitaciones. Por fin algo. Pero hubo que sobrevivir cuatro años; y no hablo de mí, estoy hablando de todo un sector que ni siquiera es el sector audiovisual, estoy hablando de la cultura. Fijate que antes, los entes autónomos ayudaban a la cultura, pero ahora ni siquiera tenemos ese poquito.

 

­¿Y tú, de qué vivís?

­Doy clases. Cuando hago una película cobro mi sueldo, a posteriori, en función de la cantidad de espectadores. Y con eso, y los derechos de autor que cobro, tengo que durar, de una forma muy inestable, hasta la próxima película. Para que tengas una idea, ‘En la puta vida’ recaudó 180 mil dólares en la taquilla uruguaya; había 140 mil dólares de deudas, quedaron 40 mil, de los que me correspondió el 30 por ciento. De Europa recibimos 100 mil euros de los que quedaron 50 mil. En fin, si sumás todo, restás las deudas, le calculás el 30 por ciento, lo dividís entre los años y después entre doce, verás que mi ingreso mensual es inferior al salario mínimo.

 

PERIPECIAS BELGAS

Al llegar a Bruselas, Beatriz y su marido fueron considerados ciudadanos belgas desempleados, lo que les daba derecho a cobrar un subsidio. Pero para tener ese derecho, debían “marcar tarjeta” todos los días en una oficina diferente y a una hora diferente, como forma de impedirles que trabajaran “en negro” mientras cobraban el seguro de desempleo. Naturalmente que esa exigencia también impedía a todo desempleado la posibilidad de estudiar regularmente. Con el tesón que le es propio, Beatriz gestionó y obtuvo que el Ministerio reviera esa disposición y eximiera de la presentación diaria a aquellos que optaban por estudiar. A partir de entonces, los desempleados belgas no pueden trabajar en el mercado informal pero sí pueden estudiar y seguir cobrando el subsidio por desempleo.

 

QUIEN ES BEATRIZ FLORES SILVA

Beatriz Flores Silva es hija de Maneco Flores Mora, el reconocido politico e intelectual batllista, perteneciente a la Generación del 45; en la familia de su madre también encontramos intelectuales de fuste, como la escritora María Inés Silva Vila. Quiere decir que se crió en un hogar donde la cultura ocupaba un lugar de privilegio, circunstancia que la marcó desde la infancia y la condujo hacia el arte como medio de expresar sus angustias, sus preocupaciones, sus alegrías.

  • Imprimir
  • Envíar por e-mail

Comentarios


Domingo 12 de Febrero, 2012
Montevideo, UY
Despejado, 17 °C