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El mago en el perfecto camino, de Ricardo Prieto, en Espacioteatro

¿Está el mago en el perfecto camino?» es una frase que, según uno de los agonistas podría oírse, pero que no se oye, a través de un teléfono.

El teatro del absurdo viene de la literatura fantástica y alivió al público de triángulos sentimentales, separaciones amorosas, diálogos chispeantes y réplicas agudas. El teatro de los años 50 (Sartre, Camus) cambió aquellas convenciones por otras, dotadas de todo tipo de agresiones en escena, las más puramente verbales. Apareció Ionesco, un autor de tercer orden, pobre de ideas y ramplón de escritura, que deslumbró con meros despropósitos como «Rinocerontes», «La lección» o «La cantante calva». Había allí un tufillo de crítica a la cultura masiva, a la ausencia de todo proyecto de vida individual, a la fuerza ciega de la imitación y de los rebaños, que sedujo al existencialismo. Pronto las obras del teatro del absurdo cedieron su lugar a las recetas y los artefactos a los juguetes a cuerda, que funcionaban bien, dentro de sus limitadas posibilidades. «El huésped vacío», «Los disfraces», «Un tambor como único equipaje» del mismo Ricardo Prieto se desarrollaron sobre el esquema del absurdo; el mismo autor, más tarde, pareció ahíto de disparates y emprendió una ruta distinta, más cerca de la comedia o del sainete de comienzos del siglo XX con «Danubio azul» o «Garúa».

«El mago en el perfecto camino» narra el encuentro de un maestro resentido con sus alumnos, Angel Terqui (Gustavo Gomensoro), que desde la pieza de un hotel de lujo contrata a un intérprete, Pedro Linardi (Horacio Nieves) para que le traduzca unas «maravillosas palabras» que, dichas quizás en sánscrito, oirán por teléfono. Sin decir agua va, el maestro se pone a hostilizar al traductor: lo acosa, lo humilla, lo desconcierta con alusiones a momentos supremos, lo interroga sobre «sus proyectos en la vida», lo declara «elegido» para un plan divino, lo alarma, lo desnuda (porque «…es necesario recibir el mensaje sin lastre»). Sobreviene a la postre algo que llamaríamos «desenlace» si tuviera algún vínculo con la «acción» que lo precedió, pero que cae en la escena como un aerolito lanzado desde otra galaxia.

Los diálogos suelen no tener ningún sentido: sin duda se nos dirá que es algo premeditado para la producción de efectos cuya eficacia, lo confesamos, no pudimos percibir. Ejemplo: «Angel: ­Casi siempre se desea lo que se conoce. Pedro: ­No puedo desear lo que no conozco. Angel: ­¿Está seguro?» O: «Angel: ­…Mi misión en la vida excluye la riqueza material. Pedro: ­¡Su misión! ¡Quisiera saber cuál es…quisiera saber a quién representa usted! Angel: ­Tengo el Poder. Represento a Todo.»

Gustavo Gomensoro, que hizo el papel de Pedro en la versión de 1985, hace hoy el de Angel. Tanto él como Horacio Nieves demuestran su condición de buenos actores: durante los primeros minutos, y pese a que el diálogo está en su punto más bajo (con el consabido timbre, las puertas que se abren, las presentaciones, saludos y demás rellenos), la personalidad de los intérpretes basta para dar peso y fuerza a la escena. Pero poco a poco vamos despertando; y la densidad humana de Gomensoro y Nieves no nos alcanza. Aflorar la arbitrariedad de todo, la forma mecánica en que avanza la pieza. El autor descarga sorpresa tras sorpresa; pero parece oírse un fondo de ruido de poleas o martillos que trabajan. Los diez minutos de suspensión de la incredulidad se agotaron. Gustavo Gomensoro, a cuyo cargo está la puesta en escena, convence; pero convence también de que merecía algo mejor. Lleva la trama con energía, da los tonos exactos, ubica buenas transiciones, arma bien las escenas, las resuelve con justeza, distribuye a los actores en el reducido escenario de «Espacioteatro» con gracia y arte. Pero su magia como actor y su destreza como director están en un camino, ¡ay!, imperfecto.

EL MAGO EN EL PERFECTO CAMINO, de Ricardo Prieto, con Gustavo Gomensoro y Horacio Nieves. Ambientación sonora de Lenin Correa y Gustavo Gomensoro, dirección de Gustavo Gomensoro. En Espacioteatro, Mercedes 867, tel. s9000316.

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