Iron man, fiel exponente de una fórmula que empieza a oxidarse
Esa falta de materia gris ha generado que en los últimos años, los poderosos de la industria cinematográfica han jugado fuerte sus cartas al universo del cómic, parte fundamental de la cultura norteamericana.
Los resultados han sido desparejos, con algunas películas al menos decorosas y fieles al original, como el caso de «Spiderman 2″ o «X Men». La nueva visita a este género que suele llenar las salas es «Iron man», criatura creada en la factoría Marvel Comics desde la afiebrada cabeza de Stan Lee y su apoyo Jack Kirby.
Dirigida con pulso firme por Jon Favreau («Zathura») , que ya tiene en preproducción la segunda parte, la película narra la historia de un poderoso industrial fabricante de armas, Tony Stark (Robert Downey Jr), que se mueve con total soltura en los esquemas de poder del Pentágono y que no parece tener rastro alguno de moralidad.
Un mal día, este sujeto fiestero y manipulador, en «visita de trabajo» en ese teatro de la violencia llamado Afganistán, es secuestrado por unos «chicos malos» que bien podrían ser de Al Qaeda, por su aspecto físico, y en ese cambio de roles, donde pasa de ser humillador a humillado, vuelve a los Estados Unidos con otra cabeza, otra forma de entender la vida.
Encerrado en una oscura cueva perdida en las montañas, Stark se las ingenia para fabricar una armadura que deviene en personaje y lo sacará del apuro a puro cañonazo. Es así que el infiel regresa a su país y decide que ya no se dedicará más a fabricar armas y delega sus responsabilidades a su socio Stane (un rapado Jeff Bridges) que termina siendo peor que su jefe en sus mejores tiempos. Reinventa su invento y trata de hacer el bien, como si se tratara de una prenda de alta costura.
Por allí anda la infaltable y muy eficaz secretaria, en este caso «Pepper» Potts (Gwyneth Paltrow) que se encarga de ser esa figura que le soluciona lo insolucionable.
Como el personaje llamó la atención de las autoridades, los de la Casa Blanca crean una agencia llamada Shield y que vaya a saber cuáles serán sus intenciones finales, aunque claro que se pueden adivinar. A su cargo esta Nick Fury (el desconcertante Samuel L.Jackson) y como era de prever, el filme termina dando pistas que seguramente se develarán en una segunda entrega, como el eventual romance entre Stark y su secretaria o la facilidad del nuevo héroe para andar con un vaso lleno de escocés.
A falta de espesor y sustancia argumental, lo que sobra en «Iron man» es acción, acción y más acción. Sólo con eso quienes pagan la entrada saldrán satisfechos. También hay que resaltar que la notable labor de Downey Jr soporta buena parte de la película, demostrando una vez más que se trata de un actor versátil y de fuerte presencia que logra hacer de este artificio de 126 minutos una película intensa, haciendo olvidar su aparatoso convencionalismo.
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