EXILIOS Y DESEXILIOS
El exilio es siempre una experiencia traumática, en la medida que supone un trasplante geográfico, pero también una aventura de desarraigo social y hasta cultural en otras tierras.
Esa sensación de dramática ajenidad impactó fuertemente a miles de uruguayos durante la dictadura, quienes debieron abandonar nuestro asolado país y radicarse en patrias de adopción.
Obviamente, este fenómeno también castigó a otros pueblos latinoamericanos, que padecieron las mismas calamidades de los españoles al entronizarse el despotismo franquista, y a numerosas naciones europeas devastadas por la guerra, el autoritarismo y el odio racial.
Aunque la historia de la diáspora humana ha sido abundantemente abordada por la literatura, tanto nacional como extranjera, hay casos excepcionales que no pueden ser soslayados.
La peripecia de Ernesto Kroch, el nonagenario escritor alemán radicado en nuestro país, es una situación realmente atípica, porque es un doble exiliado.
Este obrero metalúrgico, que constituye un auténtico ejemplo de vida, se radicó en nuestro Uruguay en 1938, luego de permanecer preso en un campo de concentración nazi.
Sin embargo, en 1982, debió emprender el regreso a su país natal, en un segundo exilio provocado por la dictadura que usurpó el poder durante casi doce años. Al caer el gobierno autoritario, se afincó definitivamente en nuestro suelo.
Kroch es autor de una nutrida obra literaria, en la cual ha impreso el testimonio de su azarosa existencia de luchador social comprometido con la realidad.
En «De años oscuros», el autor reúne diez relatos, siete de los cuales son inéditos, que reproducen nuevamente su mundo y su circunstancia histórica.
Aunque se trata de narraciones de ficción, tanto los personajes como las situaciones abrevan de la realidad, en un discurrir de dimensión claramente biográfica.
Como en obras precedentes, Ernesto Kroch confirma sus cualidades de agudo retratista y su conmovedora sensibilidad.
(Edición de Banda Oriental)
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