LOS INSONDABLES MISTERIOS DEL MAR

El mar, desde tiempos inmemoriales, ha alimentado la fantasía y el temor del ser humano, que se ha empeñado en explorar cada rincón de la tierra firme, pero que, aún hoy, conoce muy poco de lo que subyace en las muchas veces insondables profanidades marinas.

Desde las leyendas que ahuyentaban a los navegantes con la amenaza de fabulosas y mortíferas criaturas que dominaban los mares, hasta las historias que todavía actualmente circulan entre todos aquellos que se dedican, ya sea por trabajo o afición a la navegación, el mar ha generado una verdadera cosmogonía en el imaginario colectivo.

Incomprensible, fascinante, temido y hasta venerado, el mar es uno de los pocos ambientes que el hombre no ha logrado dominar cabalmente, por lo cual conserva buena parte de su antiguo misterio ignota fascinación.

En tal sentido, la literatura naval es uno de los géneros literarios más antiguos y de más rica tradición. Desde el momento en que el capitán de un barco concibió la idea de elaborar una bitácora de viaje, es decir, un diario en el cual se consigna todo lo que ocurre a bordo, cobró vida la producción literaria que tomó como tema vertebral a los grandes desiertos acuáticos que bañan las costas de todos los continentes.

Desde los relatos de los primeros viajes de los vikingos y normandos, torpes y primitivos pero ilustrativos y de gran valor histórico, pasando por míticos epopeyas como La Odisea, las historias navales, más allá de la simple crónica, han sido cultivadas por diversos autores, generando ciertos códigos distintivos, que, en muchos casos, se mantienen prácticamente inalterados hasta hoy.

La leyenda, la mitología, el folklore popular y la fantasía fueron algunas de las fuentes primigenias que coadyuvaron a consolidar el género, un género que, con el devenir del tiempo, si bien conservando elementos comunes, se fue dividiendo en distintas vertientes.

En ese contexto, la literatura marina asumió múltiples abordajes temáticos, que discurrieron entre el drama, el romance, el terror y la aventura.

Sin embargo, ese peculiar sub-género jamás se apartó de la navegación como eje estructural y del mar como marco referencial insoslayable.

«Cuentos de navegantes», una antología de algunos de los mejores exponentes breves de la literatura naval, es un cabal testimonio de la perdurabilidad de los variados temas y estilos que pueden enmarcarse bajo dicho apelativo.

Esta heterodoxa selección fue realizada por el escritor argentino Juan Bautista Duizeide, quien, antes de desarrollarse como literato, egresó de la Escuela Nacional de Náutica como piloto de ultramar, recorriendo luego los siete al mando de toda clase de buques mercantes.

El prólogo de esta producción colectiva está a cargo de un escritor innegablemente versado en dichas historias, como lo es, sin dudas, el aclamado novelista español Arturo Pérez- Reverte.

El reconocido y talentoso autor es uno de los más destacados cultores actuales de la literatura naval. Al respecto, basta recordar únicamente su famoso personaje, el Capitán Alatriste, curiosa mixtura de corsario y gentilhombre, que rescata en sus relatos el encanto de las clásicas historias de piratas y demás navegantes.

La selección abarca obras de diversos autores, que en algún momento, ajenos a su habitual estilo, sintieron la tentación de tratar, aunque más no fuera brevemente, la temática naval en su literatura.

Entre los grandes nombres que figuran en esta antología, cabe mencionar, particularmente, a Roberto Arlt, Jorge Luis Borges, Joseph Conrad, Haroldo Conti, Carlos María Domínguez, nuestro compatriota Horacio Quiroga, Anatole France, Gabriel García Marquez, Guy de Maupassant y Robert Louis Stevenson, entre otros.

Esta colección de historias que toman como marco de referencia al mar, es, como suele suceder en estos casos, despareja. Los criterios del antólogo, un autor que cultiva con especial ahínco la literatura naval, sumado quizá al empeño por incluir historias consideradas indispensables y otras poco conocidas pero destacables, son elementos que pueden tornar dificultosa la lectura.

Sin embargo, la alta calidad de los autores seleccionados torna interesante la tarea de ir descubriendo las historias, algunas muy diferentes entre sí.

Sin embargo, para el lector poco versado en el género, algunas narraciones pueden resultar algo ininteligibles, al estar plagadas de terminología técnica, la cual el antólogo, como experto en dichos temas, supone erróneamente familiar para el lector.

Quizás la inclusión de un breve glosario al final de la obra hubiera subsanado esta dificultad, transformándose en una valiosa ayuda para aquellos que por o nada conocen de las historias ambientadas en alta mar.

Otro aspecto que cabe observar, en algunos casos, es la visión cándidamente romántica que algunos autores aún conservan sobre los habituales antihéroes del género, como corsarios y demás bandidos que pueblan las historias de navegantes, nacidos del vientre de la historia pero también de la leyenda.

De todos modos, se trata de una valiosa antología, en cuanto permite conocer una pequeña muestra de la obra de autores quizás poco difundidos por estos lares, a la vez que nos confronta, nuevamente, a historias ya conocidas, pero que siempre resulta oportuno volver a disfrutar.

 

(Editorial Alfaguara)

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